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BYD apunta a 2027 con su batería de estado sólido. ¿Qué aportará frente a la Blade 2?

BYD acaba de registrar seis patentes nuevas de estado sólido y mantiene su plan de producir las primeras celdas en pequeñas series en 2027. La pregunta razonable no es cuándo llegará, sino qué va a mejorar exactamente respecto a la batería que la marca ya vende hoy. Y la respuesta tiene sorpresas: en velocidad de carga, la Blade 2 gana.

La noticia de partida es el registro de seis patentes nuevas sobre celdas de estado sólido, publicado por el portal libattery.net y recogido por CarNewsChina, apenas una semana después de que la oficina china de propiedad intelectual le concediera otra sobre cátodos compuestos. Cuatro de esas patentes son química de materiales y dos son ingeniería de proceso y control de calidad, lo que indica que el proyecto ha salido del laboratorio y está entrando en la sala de producción.

Pero lo interesante no es el papeleo. Es que BYD es, probablemente, el único fabricante del mundo que va a tener que responder a esta pregunta en un mismo catálogo: si ya tienes la mejor batería LFP del mercado, ¿qué te aporta el estado sólido? Vamos a ponerlo número contra número.

Qué es exactamente la celda sólida de BYD

La ruta técnica de BYD, desarrollada a través de su filial FinDreams, es muy concreta y bastante distinta de la de Toyota (óxidos) o SAIC (polímeros). Combina un cátodo ternario de alto níquel monocristalino, un ánodo de silicio de baja expansión y un electrolito de sulfuro con halogenuros. Es decir, abandona el LFP y vuelve al níquel.

La celda de referencia es una unidad de 60 Ah que salió de la línea piloto de Chongqing en 2024. Las cifras públicas que se manejan sobre ella son de unos 400 Wh/kg de densidad gravimétrica y en torno a 800 Wh/L de volumétrica, arranque en frío hasta -40 °C, un 85% de eficiencia de descarga a -30 °C y carga a 5C, lo que se traduce en un 80% en unos diez minutos. Si quieres el fundamento de por qué esos números son posibles, lo explico en la ficha sobre qué es una batería de estado sólido.

 

La Blade 2, el listón que hay que superar

El problema para el estado sólido es que el listón de la casa está muy alto. La Blade 2.0 que BYD presentó el pasado 5 de marzo es una celda LFP de aproximadamente 190 Wh/kg, sin cobalto ni níquel, con una tasa de carga de hasta 8C y 16C de descarga, un coste de producción un 15% inferior al de la primera generación y garantía de por vida para las celdas.

Y sobre todo, ya está en la calle. El Atto 3 chino carga del 10 al 97% en nueve minutos con esta batería, y el Yangwang U7 homologa más de 1.000 km CLTC con un paquete de 150 kWh. Cualquier discurso sobre lo que aportará el estado sólido tiene que medirse contra esto, no contra la batería de un eléctrico de hace cinco años.

Blade 2 frente a estado sólido, cara a cara

Parámetro Blade 2.0 (LFP) Celda sólida 60 Ah
Densidad gravimétrica ~190 Wh/kg ~400 Wh/kg
Química del cátodo LFP (sin níquel ni cobalto) Ternario alto níquel monocristal
Ánodo Grafito Silicio de baja expansión
Electrolito Líquido Sulfuro + halogenuro
Tasa de carga Hasta 8C 5C
Arranque en frío Con precalentamiento del paquete Hasta -40 °C
Disponibilidad En venta desde marzo de 2026 Series piloto en 2027
Coste Un 15% menos que la Blade 1 Objetivo de 70 dólares/kWh

Dónde gana el estado sólido: peso y frío

La ventaja evidente es la densidad energética. Doblar los Wh/kg significa que el mismo coche puede llevar la misma autonomía con la mitad del peso de batería, o la misma batería en la mitad del espacio. En un Yangwang U7 con 150 kWh, hablamos de un ahorro potencial de varios cientos de kilos.

Y ese es el matiz que casi siempre se cuenta al revés. El estado sólido no va a traer más autonomía, porque BYD ya supera los 1.000 km CLTC con LFP. Lo que va a traer es el mismo coche mucho más ligero, con mejor dinámica, menos consumo, menos desgaste de neumáticos y menos material crítico por kilómetro recorrido. Es una ganancia real, pero no es la que venden los titulares de los 2.000 kilómetros.

El segundo terreno donde gana claramente es el frío. Un 85% de eficiencia de descarga a -30 °C y arranque a -40 °C son cifras que ninguna química líquida alcanza sin recurrir a un gasto importante de energía en calentar el paquete. Para el norte de Europa, para Escandinavia o para el interior peninsular en invierno, eso vale más que veinte kilómetros extra de ficha técnica.

Dónde no gana: la carga rápida

Aquí está el dato que rompe el relato habitual. La celda de estado sólido de BYD carga a 5C. La Blade 2.0, con química LFP y electrolito líquido de toda la vida, admite hasta 8C. La batería del futuro carga, en tasa relativa, más despacio que la batería que BYD vende hoy.

La explicación es la que ya conocíamos: el gran cuello de botella del electrolito sólido es la resistencia en la interfaz entre materiales, precisamente el problema que atacan las seis patentes recién registradas. Mientras esa resistencia no baje, el estado sólido no va a ser una tecnología de carga ultrarrápida, sino una tecnología de mucha energía almacenada que se carga a un ritmo digno.

Y hay un factor añadido que en España se pasa por alto: una celda de 5C en un paquete de 100 kWh pide 500 kW de potencia sostenida. La red española de recarga apenas empieza a normalizar los 400 kW. El limitante no está en la celda, está en el poste.

Y la seguridad, ¿mejora o empeora?

Esta es la parte incómoda del discurso oficial. Se repite que el estado sólido es más seguro porque elimina el electrolito líquido inflamable, y es verdad. Pero la celda sólida de BYD sustituye un cátodo LFP, el más estable térmicamente que existe en producción, por un ternario de alto níquel, que es justo el contrario.

Merece la pena recordar de dónde viene la Blade: en el test de penetración con clavo, la celda de primera generación apenas alcanzaba los 30-60 °C frente a los más de 500 °C de una celda ternaria convencional. Ese es el listón de seguridad que la marca ha construido durante seis años, y lo va a tener que defender con una química que en formato líquido sería mucho menos benigna. Puedes ver las diferencias entre unas y otras en el repaso a los tipos de batería para coches eléctricos.

No es casualidad, entonces, que una de las patentes nuevas fije un límite cuantificado de 117 julios por gramo de liberación térmica para la capa activa del cátodo. Están poniendo el techo de seguridad en el diseño del material porque saben que la química de partida ya no juega a su favor. A eso hay que sumarle que los electrolitos de sulfuro liberan sulfuro de hidrógeno en contacto con humedad, un problema de fabricación y de reciclaje que hoy no tiene la Blade.

El coste, que es donde se decide todo

BYD ha puesto el objetivo de coste de sus celdas sólidas en 70 dólares por kWh en la planta de Bishan, en Chongqing, cuya primera fase de 20 GWh estaba prevista para este año. Ese número es aproximadamente el coste actual de una celda líquida ternaria. Es decir, la paridad no es con el LFP, que es más barato, sino con el níquel.

Traducido: incluso cuando el estado sólido llegue a coste objetivo, seguirá siendo más caro que una Blade. Por eso la hoja de ruta de BYD es la que es, con demostración en 2027 sobre mulas de pruebas camufladas, primeros coches de serie muy limitada en el entorno de Yangwang, escalado después de 2030 y coexistencia con el LFP durante al menos dos décadas. Y por eso la marca acompaña la Blade 2 con campañas comerciales tan agresivas como los 12 y 18 meses de carga gratuita en su red Flash Charging: la batería que tiene que rentabilizar ahora es esa.

La conclusión, si te estás preguntando si merece la pena esperar, es bastante clara. El estado sólido de BYD aportará ligereza, comportamiento en frío y espacio, no autonomía récord ni carga más rápida. Llegará primero a coches de más de 100.000 euros y tardará años en bajar de ahí. Mientras tanto, la batería que compras hoy en un BYD carga del 10 al 80% en diez minutos y tiene garantía de por vida en las celdas. No es un mal sitio donde esperar.

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