Velocidad y distancia

2 conversores

Para entender cifras de pruebas internacionales y rutas en sistemas distintos al métrico.

Consumo

1 conversor

Para traducir cifras anglosajonas de consumo al sistema europeo.

Par motor y presión

2 conversores

Cifras técnicas que llegan en libras-pie y PSI desde fichas anglosajonas.

Medidas y peso

4 conversores

Conversiones rápidas de longitud, volumen y masa para fichas técnicas.

El sector del coche eléctrico se ha vuelto profundamente internacional y eso ha multiplicado la cantidad de unidades que conviven en una misma ficha técnica. kW, CV, HP, Nm, lb-ft, km/h, mph, PSI y bar aparecen mezclados según el mercado de origen del fabricante y según el medio que cubra la noticia. Estas trece calculadoras nacen para resolver esas conversiones sin ruido y con precisión técnica.

Convertir unidades en el contexto automotive ha dejado de ser un ejercicio académico. Una ficha técnica del BYD Atto 3 llega de origen en kW. Una prueba estadounidense del Tesla Model S Plaid en Car and Driver se publica en HP y mph. Un test alemán de un Volkswagen ID.3 aparece en kW y Nm. El manual de un Tesla Model 3 vendido en España indica las presiones de neumáticos en PSI mientras los compresores de cualquier gasolinera ibérica miden en bar. Cualquier comparación cruzada entre fuentes exige traducir cifras, y cualquier error de traducción contamina el análisis. Estas herramientas resuelven el problema con un par de clics.

El problema de las potencias: kW, CV y HP no son la misma cosa

La industria europea publica oficialmente la potencia de los motores en kilovatios desde hace décadas, por mandato del sistema internacional de unidades. Es la cifra que aparece en la ficha técnica homologada, en el permiso de circulación y en el documento de la ITV. Sin embargo, en España y buena parte del sur de Europa el lenguaje cotidiano sigue siendo el caballo de vapor, una unidad inventada en el siglo XVIII para vender máquinas de vapor a propietarios de minas y que sobrevive por inercia cultural más que por utilidad técnica.

La conversión es matemáticamente simple: 1 kW equivale a 1,35962 CV, lo que en la práctica significa que un motor de 100 kW desarrolla unos 136 CV. El problema no está en el cálculo sino en el marketing. Durante años los fabricantes europeos han jugado con esta dualidad para que sus coches suenen más potentes en mercados donde los CV son la moneda de comparación. Un Volkswagen ID.3 GTX anunciado como «326 CV» en publicidad española es el mismo «240 kW» de la nota oficial alemana, y ambas cifras son técnicamente correctas. Solo que una vende y la otra informa.

Con la llegada masiva de los fabricantes chinos al mercado europeo el desorden se ha multiplicado. BYD, Xpeng, Nio, Zeekr y Leapmotor publican fichas pensadas para su mercado interno, donde el kW es la unidad oficial sin discusión. Las traducciones a CV las hacen las filiales europeas con resultados desiguales, y cuando uno cruza datos entre la web china, la web europea y la nota de prensa internacional, las cifras bailan. La comparativa entre un Volkswagen ID.3 Neo y un Geely E2 es un ejemplo típico: uno publica 170 kW, el otro 218 CV, y aunque la diferencia parezca pequeña en el papel, son dos cifras casi idénticas presentadas como si una fuera superior.

El HP (horsepower) es la versión anglosajona del caballo de vapor, pero no es exactamente igual. 1 HP mecánico estadounidense equivale a 0,7457 kW, mientras que 1 CV equivale a 0,7355 kW. La diferencia es del 1,4%, suficiente para que cuando una prueba de Motor Trend cubre un Lucid Air, la cifra de HP publicada sea ligeramente inferior a la cifra de CV de la ficha europea del mismo coche. No es un error, son unidades distintas que la prensa generalista trata como sinónimos. Esa es la razón por la que las tres calculadoras de potencia, kW a CV, kW a HP y HP a CV, son las más consultadas del bloque con mucha diferencia.

Velocidad y distancia: el problema de las pruebas internacionales

Buena parte de la mejor literatura técnica sobre coches eléctricos se publica en inglés americano, lo que significa cifras en millas por hora y millas a secas. Cuando una publicación como InsideEVs realiza una prueba de autonomía a 70 mph, esa cifra significa 112,7 km/h, no 100, ni 110, ni «más o menos lo mismo». La diferencia es relevante porque la autonomía de un coche eléctrico no es lineal con la velocidad: rodar a 112 km/h frente a 100 km/h puede suponer entre un 15% y un 20% menos de autonomía real según el coeficiente aerodinámico del vehículo. Confundir esos datos significa malinterpretar la prueba entera.

Reino Unido es el caso particular dentro de Europa. Es el único país del continente que sigue señalizando sus carreteras en millas, lo que convierte cualquier roadtrip eléctrico por territorio británico en un ejercicio constante de conversión mental. Las distancias entre cargadores, los avisos de proximidad y los tiempos estimados aparecen en sistema imperial, mientras el ordenador de a bordo del coche, homologado para Europa continental, muestra todo en sistema métrico. La planificación de un viaje largo exige traducir constantemente entre ambos sistemas.

Para las cifras de homologación pasa algo parecido. Cuando una prueba estadounidense indica que un Porsche Taycan acelera de «0 a 60 mph» en X segundos, esa cifra no es comparable directamente con el «0 a 100 km/h» europeo. 60 mph son 96,5 km/h, y los segundos hasta los 60 mph son siempre menos que los segundos hasta los 100 km/h. Los conversores de km/h a mph y de millas a kilómetros son los que más usa cualquiera que consume contenido de prensa internacional. Sin ellos las comparaciones cruzadas son siempre aproximadas, y en el coche eléctrico las aproximaciones se pagan caras.

Consumo: por qué el MPG anglosajón es un problema mayor en eléctrico

En el mundo del coche de combustión, convertir MPG a L/100km era una operación cotidiana para cualquier aficionado europeo que quisiera entender una prueba estadounidense. Un coche que hace 30 MPG está haciendo 7,84 L/100km, y con eso bastaba. Pero el mundo eléctrico complicó la ecuación. La EPA estadounidense decidió mantener el sistema MPG inventando una métrica nueva llamada MPGe (miles per gallon equivalent), que estima cuántas millas haría un coche con la energía equivalente a un galón de gasolina (33,7 kWh, según el cálculo oficial de la EPA).

El resultado es que cuando una prueba indica que un Lucid Air Pure tiene 140 MPGe, esa cifra no se traduce directamente a L/100km de la forma que uno esperaría. Para empezar porque no se está midiendo litros, se está midiendo electricidad. Y para seguir porque la métrica que de verdad usa Europa para evaluar la eficiencia de un eléctrico es kWh por 100 kilómetros, no L/100km. Un Tesla Model 3 consume 15 kWh/100km, no «X litros equivalentes». El conversor MPG a L/100km sigue siendo útil para entender pruebas de coches híbridos o de combustión publicadas en medios estadounidenses, y para hacer comparaciones aproximadas cuando un fabricante decide publicar la equivalencia oficial, pero hay que saber leer la diferencia.

La conversión interesante en eléctrico es MPGe a kWh/100km, y se calcula dividiendo 3.370 entre la cifra de MPGe. Un coche con 140 MPGe consume 24 kWh/100km, una métrica con la que un europeo puede trabajar directamente. Es la única que se traduce limpiamente entre mercados. Mientras la EPA insista en publicar en MPGe, la calculadora MPG a L/100km sigue siendo la puerta de entrada para interpretar reviews americanas, aunque luego haya que hacer el paso intermedio mental a kWh.

Par motor: el dato que de verdad cambió todo en el coche eléctrico

Durante un siglo, hablar de potencia significaba hablar de caballos. El par motor era una cifra que aparecía en la ficha técnica pero que pocos aficionados sabían leer. La llegada del coche eléctrico cambió esto de raíz, porque un motor eléctrico entrega el par máximo desde 0 rpm, mientras que un motor de combustión necesita subir de revoluciones para alcanzar su pico. El primer Tesla Model S Performance que aceleraba de 0 a 100 en 4 segundos no lo hacía por tener más caballos que un BMW M5, lo hacía por entregar todo su par instantáneamente.

El par se mide en Newton-metro (Nm) en el sistema europeo y en libras-pie (lb-ft) en el sistema anglosajón. 1 lb-ft equivale a 1,356 Nm, por lo que cuando una ficha indica que un Rivian R1T entrega 908 lb-ft de par, esa cifra son en realidad 1.231 Nm, una bestialidad mecánica que explica por qué esa pickup eléctrica arranca como si la hubieran lanzado con una catapulta. Y aquí está la trampa: si un lector compara un Rivian con un Lucid Air Sapphire que entrega 1.430 Nm, parece que el Lucid arrastra más. Pero si la prensa americana publica ambos en lb-ft, las cifras (908 vs 1.054) suenan menos espectaculares de lo que son. Es exactamente el mismo problema que con kW vs CV, pero al revés.

El par motor es probablemente el dato peor entendido del coche eléctrico, y precisamente el más relevante para entender el comportamiento dinámico de un modelo. A igual potencia, el par determina la sensación de aceleración, la capacidad de remolque y la respuesta inicial del coche. El conversor de libras-pie a Newton-metro es la herramienta necesaria para cruzar datos entre fichas estadounidenses y europeas del mismo modelo sin perder precisión.

Presión de neumáticos: PSI, bar y los kilómetros que se escapan

Este apartado parece menor pero no lo es. La presión de los neumáticos en un coche eléctrico afecta directamente a la autonomía, mucho más que en un térmico. Una diferencia de 0,3 bar respecto a la presión recomendada puede suponer entre 5 y 10 km de autonomía real perdidos en un trayecto largo, una cifra perfectamente medible. El problema es que el mundo de los neumáticos tampoco se ha puesto de acuerdo en una sola unidad de medida.

Los fabricantes americanos publican las presiones en PSI (libras por pulgada cuadrada). Los europeos lo hacen en bar o en kilopascales (kPa). La mayoría de manómetros de gasolinera en España miden en bar, pero los compresores portátiles más vendidos en Amazon, fabricados habitualmente en China o Estados Unidos, tienen la escala principal en PSI con el bar como secundaria en pantallas pequeñas. El Tesla Model 3, en el caso más extendido, viene con las presiones recomendadas marcadas en PSI en la pegatina del marco de la puerta, una decisión heredada del manual americano que en Europa nunca corrigieron del todo.

1 bar equivale a 14,5038 PSI. La presión típica de un eléctrico actual ronda los 2,5 bar, que son 36,3 PSI. Una lectura de 36 PSI con un manual que marca 2,5 bar significa que la presión es correcta. Una lectura de 32 PSI cuando deberían ser 2,5 bar implica medio bar menos de presión, y ese déficit se paga en autonomía cada kilómetro recorrido. La calculadora PSI a bar resuelve esa ambigüedad antes de cualquier viaje largo.

Medidas y peso: la era del SUV eléctrico de 2.500 kilos

Las conversiones de longitud (milímetros a metros, centímetros a metros) y de volumen (litros a centímetros cúbicos) parecen las más triviales del bloque. Y para un europeo lo son. Pero resultan necesarias cuando las fichas técnicas de fabricantes chinos mezclan unidades sin criterio aparente: una distancia entre ejes en milímetros, una altura libre al suelo en centímetros, y un volumen de maletero en litros que después se compara con un rival americano que publica en pies cúbicos. Tener las equivalencias claras evita errores en artículos comparativos y en fichas técnicas redactadas a partir de fuentes mixtas.

El peso es el apartado más interesante. Las libras y los kilogramos llevan décadas siendo el principal punto de fricción entre la prensa americana y la europea, pero en el coche eléctrico el problema se ha agravado porque los pesos absolutos son cifras enormes. Cuando una ficha indica que un Hummer EV pesa 9.063 libras, esa cifra son 4.110 kilogramos, una barbaridad que en sistema métrico cae como un mazazo y en sistema imperial parece casi normal. La conversión de libras a kilogramos resulta crítica precisamente para no dejarse engañar por la presentación de las cifras, y para entender por qué los reguladores europeos llevan dos años discutiendo cómo gravar fiscalmente a los SUV eléctricos pesados que llegan desde Norteamérica.

El detalle anglosajón que sigue afectando al mercado europeo

La pregunta de fondo es por qué, dos décadas después de que el sistema internacional de unidades se impusiera como estándar oficial en Europa, una landing como esta sigue siendo necesaria. La respuesta tiene tres capas. La primera es industrial: Estados Unidos sigue siendo el segundo mercado de automoción más grande del mundo y la prensa especializada anglosajona marca la agenda de cobertura técnica internacional. Cualquier coche eléctrico relevante recibe pruebas en Car and Driver, Motor Trend, InsideEVs, The Drive y Autocar antes que en cualquier medio europeo, y esas pruebas se publican en unidades imperiales.

La segunda capa es regulatoria. La EPA, agencia federal estadounidense, ha mantenido un sistema de medición de eficiencia (MPGe) diferenciado del europeo (WLTP en kWh/100km), y eso genera datos paralelos que conviven en cada análisis comparativo. Un mismo coche puede tener tres cifras oficiales de eficiencia distintas según el mercado donde se mida, todas correctas en su contexto, todas incompatibles entre sí sin conversión previa.

La tercera capa es comercial. Los fabricantes globales, particularmente los chinos en su expansión europea, recurren a la dualidad de unidades como herramienta de marketing. Un dato en CV impacta más a un comprador español que el mismo dato en kW. Un dato en HP suena más muscular para un comprador alemán que el mismo dato en CV. Esa flexibilidad terminológica permite a los departamentos de comunicación adaptar cifras técnicamente idénticas a expectativas culturales diferentes, lo que multiplica el ruido informativo que llega al consumidor final.

Cómo aprovechar al máximo estas calculadoras

Las trece herramientas de este bloque comparten una filosofía de uso común. Todas funcionan en ambas direcciones: aunque la URL diga «kW a CV», introduciendo un valor en la casilla de CV se obtiene el resultado en kW automáticamente. Es una decisión deliberada para no obligar al usuario a navegar entre dos páginas distintas según el sentido de la conversión.

Cada calculadora incluye valores rápidos prefijados con las cifras más comunes del segmento. En el conversor de potencia aparecen botones con 75, 100, 150, 200 y 300 kW porque son las potencias típicas de los eléctricos actuales. En el de velocidad se encuentran 50, 90, 120 y 140 km/h, las velocidades de referencia en autopista europea. El 90% de las consultas se resuelven con un solo clic, sin necesidad de teclear nada.

Las cifras se muestran con formato europeo: coma decimal y punto para los miles. Cada resultado incluye además un botón de copiado al portapapeles, pensado para integrar el dato en mensajes, notas o correos sin tener que teclearlo manualmente. La fórmula matemática de cada conversión queda visible en pantalla, lo que permite a cualquier usuario verificar el cálculo o entender la lógica detrás del resultado, una función especialmente útil en contextos educativos o profesionales donde se exige trazabilidad de los datos.