La batería «made in Spain» del CUPRA Raval y el ID. Polo se retrasa un año
La planta de baterías de Volkswagen en Valencia ha retrasado su arranque tres veces en tres años y el suministro real de celdas no llegaría hasta julio de 2027. Pero el problema de fondo no es el calendario valenciano, sino que el presupuesto global de PowerCo se ha recortado de 15.000 a menos de 10.000 millones de euros. Estas son las piezas que encajan.

Si uno se acerca hoy a Parc Sagunt II, la imagen es la de un proyecto en plena forma. Once edificios industriales levantados en poco más de un año, alrededor de 1.400 personas trabajando a diario entre plantilla propia y contratas, y una operación logística que ha traído miles de contenedores con la maquinaria de producción. Nada de eso es humo. Pero hay un dato que no encaja con esa fotografía y que resume mejor que ningún otro el momento real del proyecto: PowerCo Spain ha sumado unas 50 incorporaciones en lo que va de año, cuando su plan era contratar 500 operarios durante 2026. Una empresa que va a arrancar una fábrica no congela el 90% de su contratación. Una empresa que no sabe cuándo la va a arrancar, sí.
Tres calendarios en tres años, y ninguno se ha cumplido
Conviene ordenar la cronología, porque el retraso no ha sido un tropiezo puntual sino un deslizamiento continuado. Cuando el proyecto se presentó en 2022, con Felipe VI y Pedro Sánchez sobre el terreno, PowerCo anunció una capacidad inicial de 40 GWh anuales, más de 3.000 empleos directos y el arranque de producción en 2026. Ese era el punto de partida oficial.
A partir de ahí, la línea temporal se ha ido estirando en tres saltos:
- Plan original: primera línea operativa en el primer semestre de 2026.
- Revisión de finales de 2025: arranque en septiembre de 2026, con 500 contrataciones a lo largo del año.
- Situación actual: fuentes de la compañía sitúan el inicio de operatividad «a finales de 2026», en la práctica diciembre.
Y ese diciembre no significa celdas comerciales. Significa preseries y pruebas. Según la planificación operativa que recoge S&P Global AutoTechInsight, el suministro real de celdas desde Sagunto no arrancaría hasta julio de 2027. Es decir, entre el calendario de 2022 y el de hoy hay algo más de un año de desfase sobre el hito que de verdad importa, que es cuándo sale la primera celda que acaba montada en un coche vendido a un cliente.
La explicación oficial no habla de obras, habla de producto
Aquí está el matiz que más se ha pasado por alto en la cobertura de estas semanas. La primera lectura de un retraso en una fábrica es siempre la obvia: problemas de construcción, de licencias, de proveedores. Y algo de eso ha habido, con la tramitación del Perte VEC y las licencias del proyecto valenciano como factores recurrentes desde 2023.
Pero cuando PowerCo ha tenido que dar una explicación, no ha señalado a la obra. Ha señalado a que el Grupo Volkswagen está reposicionando su modelo de negocio hacia una cartera de productos más simplificada y optimizada. Traducido: no es que la fábrica no pueda producir, es que el grupo está recalculando cuántas celdas necesita realmente. En paralelo, fuentes ligadas a contratistas citadas por El Confidencial no descartan que la demora esconda cambios de mayor calado en el proyecto, algo que la compañía niega manteniendo que la inversión de 3.000 millones sigue intacta.
Las dos versiones pueden ser ciertas a la vez, y es justo ahí donde está la noticia.

El dato que explica todo lo demás: el presupuesto de PowerCo se ha desplomado
Sagunto no se entiende mirando solo a Sagunto. Se entiende mirando la cuenta de resultados de la matriz. Según informó Handelsblatt citando fuentes internas del grupo, el presupuesto plurianual de PowerCo ha ido menguando en cascada: de los 15.000 millones de euros originales a 12.000, después a 10.000, y en la última ronda de planificación a una cifra de un solo dígito de miles de millones. Un portavoz confirmó al diario alemán que la expansión se «estiraría en el tiempo» y se reduciría en consecuencia.
Esa es la frase clave de toda esta historia. No se ha cancelado nada; se ha estirado todo. Y cuando una división con tres fábricas en marcha tiene que estirar, alguien queda el último de la fila.
Según fuentes del sector consultadas por La Tribuna de Automoción, el orden de prioridades para activar las segundas fases pasaría por poner por delante la gigafactoría de St. Thomas, en Ontario, antes de ampliar ni Sagunto ni Salzgitter. Se ha llegado a contemplar incluso exportar celdas desde Norteamérica hacia Europa. Ahí es donde el proyecto valenciano deja de ser una cuestión de meses y pasa a ser una cuestión de tamaño.
De 40 GWh prometidos a 20 GWh reales
Compárense las dos cifras con calma, porque el contraste es demoledor y casi nadie lo está poniendo encima de la mesa:
- Anuncio de 2023: 40 GWh anuales de capacidad inicial, con potencial de ampliación a 60 GWh, y más de 3.000 empleos directos.
- Realidad de 2026: una primera fase de 20 GWh repartida en dos bloques de 10 GWh, con unos 1.600 empleos directos a pleno rendimiento de esa fase.
La gigafactoría que se va a inaugurar es, sobre el papel, la mitad de la que se anunció. Y la otra mitad no tiene hoy fecha, porque depende de una segunda fase que compite por presupuesto con Canadá dentro de una división a la que le han recortado el dinero tres veces. El terreno está reservado, hay espacio para hasta tres fases en 130 hectáreas y la ambición sigue declarada. Pero reservar suelo es barato; instalar salas blancas y líneas de electrodos no lo es.
Salzgitter ya produce, y ese es el plan B que salva los muebles
La parte tranquilizadora de la historia es que Volkswagen no se ha quedado sin celdas propias. PowerCo puso en marcha la gigafactoría de Salzgitter en diciembre de 2025, con una capacidad inicial de hasta 20 GWh ampliable a 40, y la designó planta líder para Valencia y St. Thomas. La celda unificada que sale de allí es de química NMC, con en torno a un 10% más de densidad energética que las anteriores, y está pensada para trabajar con el nuevo sistema cell-to-pack del grupo.

Que Salzgitter esté operativa significa que existe un plan B: alimentar Martorell y Landaben con celdas alemanas mientras Sagunto termina de arrancar. Y según recogió electrive, incluso habría un plan C sobre la mesa consistente en abastecerse de celdas chinas si el ramp-up alemán también se complicase.
Es una red de seguridad razonable desde el punto de vista industrial. Pero desde el punto de vista español desmonta buena parte del relato con el que se vendió el proyecto. Un Cupra Raval con celdas de Baja Sajonia sigue siendo un gran coche, pero ya no es la cadena de valor íntegramente española que se prometió.
Qué significa esto para los cuatro eléctricos urbanos hechos en España
Los afectados directos son los cuatro modelos de la familia de urbanos eléctricos del grupo: el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo en Martorell, y el Skoda Epiq y el Volkswagen ID. Cross en Landaben.
Y aquí hay un detalle técnico que multiplica el impacto. Estos coches se ofrecen con dos químicas: una batería NMC de 52 kWh para las versiones altas y una LFP de 37 kWh para las versiones de acceso. Como ya analizamos al desglosar la autonomía real del Raval, la diferencia entre ambas configuraciones es enorme, y la versión LFP de acceso es precisamente la que sostiene la promesa de los 25.000 euros que Volkswagen lleva años repitiendo.
No es casualidad que el ID. Polo haya salido al mercado únicamente con la versión de 211 CV y batería grande desde 31.375 euros, dejando las variantes LFP de 116 y 135 CV para finales de 2026 o principios de 2027. Un retraso en el suministro local de celdas golpea justo donde más duele: en las versiones baratas, que son las que dependen de tener la celda cerca y a bajo coste. Cuando vi el Raval por primera vez, el argumento central era precisamente ese: un eléctrico que sirviese para todo a un precio contenido. El precio contenido es lo que se está retrasando.
Los flecos que casi nadie está mirando: la energía
Hay dos cabos sueltos en el proyecto que rara vez aparecen en los titulares y que conviene vigilar, porque afectan directamente al coste por kWh de la celda saguntina.
El primero es el suministro eléctrico. La alianza inicial que se planteó con Iberdrola se descartó, y PowerCo abrió a comienzos de 2025 un concurso para elegir otra energética que ofreciese precios más competitivos. El segundo es la planta fotovoltaica que debe cubrir alrededor del 30% de las necesidades energéticas de la gigafactoría, y que sigue pendiente de que la Generalitat resuelva los trámites de suelo. La compañía la califica de inversión estratégica, y lo es: en fabricación de celdas, el precio de la electricidad no es un gasto operativo más, es una parte sustancial de la competitividad frente a China.
Mi lectura: el riesgo no es que Sagunto no abra, es que se quede pequeña
Después de revisar todas las piezas, mi conclusión es que la primera fase de Sagunto está razonablemente asegurada. Hay 3.000 millones comprometidos, hay once edificios en pie, hay maquinaria descargada y hay una planta hermana ya produciendo en Alemania que sirve de manual de instrucciones. Esa fábrica va a arrancar.
El riesgo real es otro, y es más silencioso: que Sagunto se consolide como una planta de 20 GWh cuando se anunció como una de 40 ampliable a 60. Que la segunda fase se estire indefinidamente mientras el dinero de PowerCo se va a Ontario. Que el ecosistema de proveedores que debía instalarse alrededor no llegue nunca a la masa crítica prevista porque la demanda de la planta se queda a la mitad. Esa versión reducida no genera titulares dramáticos, no se anuncia con una nota de prensa y no se cancela oficialmente jamás. Simplemente, no ocurre.
Hay una señal que apunta en una dirección interesante. En febrero de 2026, PowerCo firmó un acuerdo de desarrollo conjunto con Factorial Energy para validar tecnología de estado sólido, con pagos ligados a hitos. Sumado a que dentro del grupo PowerCo debe cubrir en torno al 50% de la demanda de celda unificada, y el otro 50% se compra fuera, el mensaje se lee bastante bien: el grupo parece estar apostando por apretar en tecnología antes que en volumen. Es una estrategia defendible en un mercado europeo que ha crecido más despacio de lo prometido. Pero para Sagunto, que se vendió como una apuesta de escala, significa exactamente lo contrario de lo que se anunció en 2022.
La gigafactoría abrirá. La pregunta que deberíamos estar haciendo no es cuándo, sino de qué tamaño.



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