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1.218 km en un prototipo. BYD confirma para 2027 su primer coche con batería de estado sólido

Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de BYD, lo ha dicho en Valencia y sin rodeos: el año que viene habrá un BYD rodando con batería de estado sólido. Lo que no ha dicho es qué modelo, con cuánta capacidad ni a qué precio. Y ese silencio es justamente la parte más interesante del anuncio.

La declaración llegó en una entrevista concedida en España, lo que ya es en sí mismo llamativo: BYD ha elegido un escenario europeo para poner fecha a la tecnología que toda la industria lleva una década prometiendo. Li aseguró que la marca está en posición de liderazgo tanto en la parte tecnológica como en la línea comercial y que, para demostrarlo, el año próximo habrá «el primer modelo con esta tecnología». Puedes ver la entrevista completa en el canal de Carwow.es, grabada durante la presentación de la marca en Valencia.

Conviene traducir esa frase antes de que se convierta en otra cosa por el camino. Li no anunció un coche a la venta. Anunció un coche con esa batería dentro. Son dos cosas muy distintas, y la diferencia entre ambas son unos cuantos años y varios miles de millones de euros en líneas de producción.

Qué significa exactamente «un modelo en 2027»

El propio calendario interno de BYD ayuda a situarlo. Sun Huajun, director técnico de FinDreams Battery (la filial de baterías del grupo), ha descrito un plan de series muy cortas de alrededor de 1.000 vehículos hacia 2027 y producción comercial a gran escala en el entorno de 2030. Es decir: lo de 2027 es una flota de validación, no un lanzamiento comercial.

Esas primeras unidades irán, previsiblemente, a las plataformas más caras del grupo. Se apunta a Yangwang y a los Denza de mayor nivel, que son los únicos coches del catálogo capaces de absorber el sobrecoste de una tecnología inmadura. Y el sobrecoste no es menor: los precursores de sulfuro especializados cuestan hoy varias decenas de veces más que los materiales de un electrolito líquido convencional. Esa es la barrera real, más que la química.

Es exactamente el mismo patrón que vimos con el anuncio de Geely para Volvo y Polestar: 2027 es el año en el que arrancan las líneas piloto y las series testimoniales, no el año en el que alguien entra en un concesionario y se lleva un coche con electrolito sólido.

La ruta de los sulfuros, la más prometedora y la más incómoda

FinDreams trabaja con un electrolito inorgánico de sulfuro basado en materiales del tipo LPSC (litio, fósforo, azufre y cloro). Es la vía que da mayor conductividad iónica, y por eso la eligen también Toyota o Samsung SDI, pero arrastra una lista de problemas de ingeniería que no se resuelven en el laboratorio.

El primero es el contacto. En una celda de estado sólido no hay líquido que rellene los huecos: cuando los electrodos se dilatan y se contraen con cada ciclo, las interfaces sólido-sólido pierden contacto, sube la impedancia y la celda pierde capacidad. Muchas arquitecturas de sulfuro necesitan mantener presión mecánica constante sobre el apilado, lo que obliga a diseñar el pack con estructuras de compresión. Peso y volumen que se comen parte de la ganancia teórica.

El segundo es la fabricación. El proceso húmedo habitual usa disolventes que reaccionan con los sulfuros, así que hay que irse al electrodo seco por fibrilación de PTFE, una técnica que BYD está desarrollando con proveedores de maquinaria chinos en instalaciones piloto. Funciona a escala de línea de pruebas; escalarlo a millones de celdas es otro problema distinto.

Y el tercero es la humedad. Los electrolitos de sulfuro pueden generar sulfuro de hidrógeno (H₂S) al hidrolizarse, un gas tóxico. Eso exige control de humedad en fábrica y sellado del pack durante toda la vida del coche. No es un detalle menor cuando hablamos de un producto que tiene que aguantar quince años de vibraciones, golpes y cambios de temperatura.

400 Wh/kg y 1.218 km: cómo leer las cifras

BYD ha mostrado prototipos de celda de 20 Ah y 60 Ah apuntando a una densidad cercana a los 400 Wh/kg, más del doble de lo que ofrecen sus Blade de producción actuales. Y según ensayos del CATARC, el centro chino de investigación del automóvil, un prototipo con esta batería alcanzó 1.218 km de autonomía combinada en ciclo CLTC, récord nacional para un vehículo con celdas de estado sólido, según recoge ChinaEVHome.

Dos matices imprescindibles. El primero, que la densidad de celda no se traslada al pack: entre el empaquetado, la refrigeración, la protección ante impacto y las estructuras de presión que exigen los sulfuros, la cifra que llega al coche es sensiblemente menor. El segundo, que el ciclo CLTC chino es notablemente más optimista que el WLTP europeo. Un 1.218 km CLTC se quedaría bastante por debajo en la ficha técnica de un coche homologado aquí.

Hay además una comparación incómoda que ya analizamos en detalle cuando BYD registró seis patentes de estado sólido en agosto: en velocidad de carga, la Blade 2 que la marca ya vende hoy gana a lo que promete la primera generación de celdas sólidas. BYD es probablemente el único fabricante del mundo que tiene que justificar internamente qué le aporta el estado sólido cuando ya tiene la mejor LFP del mercado.

La fábrica es la noticia de verdad

Más allá de las declaraciones, lo que marca el ritmo real son las líneas. BYD tiene operativa desde febrero de 2026 una línea piloto de 2 GWh en Pingshan (Shenzhen), dedicada a validación de proceso y pruebas en vehículo, con una tasa de aprovechamiento que ya supera el 90%. Y tiene previsto arrancar en el tercer trimestre de 2026 la construcción de una línea de 20 GWh en Bishan (Chongqing), con instalaciones de demostración por lotes a partir de 2027.

Ese salto de 2 a 20 GWh es el verdadero test. Un rendimiento del 90% en una línea piloto con obreros cualificados y control de humedad exquisito es una cosa; mantenerlo en una planta veinte veces mayor es otra muy distinta. La historia industrial de las baterías está llena de químicas que funcionaban perfectamente hasta que había que hacer un millón de celdas iguales.

El proyecto se desarrolla además dentro de la plataforma estatal china de innovación en estado sólido (CASIP), un programa respaldado por el Gobierno con una dotación estimada en unos 830 millones de dólares en I+D. No es una carrera solo entre fabricantes, es una apuesta industrial de país.

Todos han fijado el mismo año

2027 se ha convertido en una fecha de consenso sospechosamente redonda. Toyota apunta a un lanzamiento comercial entre 2027 y 2028 con Idemitsu Kosan, Samsung SDI sitúa ahí su producción en serie, CATL y GAC manejan calendarios equivalentes de instalaciones de demostración para 2027 y 2028, y la adopción amplia no se espera hasta después de 2030.

Que todos coincidan no significa que todos vayan igual de avanzados. Significa que todos han identificado el mismo momento para no quedarse fuera de la foto. El que gane esta carrera no será el que llegue antes a un prototipo rodando, sino el que primero fabrique celdas fiables, baratas y a escala.

Para el comprador español, la lectura práctica es sencilla y poco épica: el coche que te vas a comprar en 2027, 2028 o 2029 seguirá llevando electrolito líquido. Lo dice el propio científico jefe de BYD, Lian Yubo, que calcula una convivencia de 15 a 20 años entre el litio líquido y el estado sólido. Y lo confirma la propia estrategia de la marca, que mientras tanto sigue puliendo otras vías como sus baterías de sodio de 10.000 ciclos. El anuncio de Valencia no es el principio del fin de la batería actual. Es el principio de una fase de validación que durará toda la década, y lo sano es celebrarlo como lo que es: un prototipo importante, no un coche en el concesionario.

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