Uno de los argumentos más repetidos contra los coches eléctricos es que sus baterías se degradan rápidamente, que el reemplazo es inevitable y que el coste de sustituirlas hace que la inversión no merezca la pena. David Blenkle, un conductor de servicio privado de transporte en Santa Cruz, California, lleva casi cuatro años desmontando ese mito kilómetro a kilómetro. Su Ford Mustang Mach-E Premium de 2022 acaba de superar las 316.000 millas (unos 508.600 km) con la batería original – y su estado de salud sigue siendo del 92%, según recoge Forbes.
El dato es extraordinario. Para ponerlo en perspectiva, equivale a dar la vuelta al planeta Tierra casi 13 veces. Y lo ha hecho en menos de cuatro años, desde que compró el coche nuevo en junio de 2022. Este caso no es tan distinto al del Tesla Model 3 de Javier Cervera, revisado por Lars Hoffmann tras 518.000 km, que también demostró una durabilidad mecánica y de batería muy superior a lo que muchos esperaban.
Solo un 8% de degradación tras más de medio millón de kilómetros
El Mach-E de Blenkle es la versión Premium con batería de autonomía extendida (91 kWh utilizables), que en su momento ofrecía una autonomía EPA de 303 millas (487 km) en configuración de tracción trasera. Hoy, tras más de 508.000 km, su propietario asegura que sigue obteniendo alrededor de 300 millas (483 km) por carga completa. Es decir, la pérdida de autonomía real es mínima.

¿Cómo es posible mantener una batería de iones de litio en tan buen estado tras semejante kilometraje? Blenkle sigue unas pautas de carga bastante sencillas pero muy efectivas, en línea con lo que recomiendan los fabricantes y que ya hemos explicado en detalle en nuestra guía sobre si es bueno cargar la batería al 100%:
– Nunca carga por encima del 90%. Es la recomendación estándar de Ford y de la mayoría de fabricantes para el uso diario. Evitar el 100% constante reduce el estrés electroquímico sobre las celdas.
– Rara vez deja que la batería baje del 20%. Mantener la batería fuera de los extremos (ni muy llena ni muy vacía) es una de las prácticas más básicas y efectivas para prolongar la vida útil de cualquier batería de iones de litio.
– Carga principalmente en casa con un cargador de Nivel 2 (corriente alterna), reservando la carga rápida en corriente continua para los días de trabajo más intensos, donde puede pasar hasta 12 horas conduciendo. Utiliza la red de Electrify America y, con adaptador, los Superchargers de Tesla. Este uso moderado de la carga rápida es clave, porque como explicamos en nuestro artículo sobre ciclos de carga y su impacto en la batería, la carga de alta potencia es el factor que más acelera la degradación por las temperaturas que genera en las celdas.
Son reglas simples, pero el resultado habla por sí solo. Y hay un detalle más que llama la atención: el coche conserva las pastillas de freno originales gracias al uso intensivo del frenado regenerativo. En total, Blenkle ha cambiado seis juegos de neumáticos, siete filtros de habitáculo y ha realizado unas 20 revisiones rutinarias cada 10.000 millas en su concesionario Ford local. Ninguna reparación significativa.
¿Qué dicen los datos generales sobre la degradación en coches eléctricos?
El caso de Blenkle es excepcional por el volumen de kilómetros, pero no es un caso aislado en cuanto a la tendencia general. Cada vez hay más datos reales que demuestran que las baterías de los coches eléctricos modernos aguantan mucho mejor de lo que muchos consumidores asumen.
Según un estudio de la firma de análisis Recurrent, citado por Forbes, que monitoriza miles de coches eléctricos en Estados Unidos, la degradación a partir de los 160.000 km se ralentiza de forma notable. Los datos muestran que los vehículos con entre 160.000 y 240.000 km conservaban de media un 86% de salud de batería. Entre 240.000 y 320.000 km, el promedio bajaba solo al 84%. Y por encima de 400.000 km, la media seguía en el 80%. Es un patrón coherente con lo que ya recogimos en nuestro análisis del estudio de Aviloo sobre más de 7.000 coches eléctricos, donde el SoH medio a 300.000 km era del 87%.
Por otro lado, el informe actualizado de Geotab de enero de 2026, basado en más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 modelos distintos, establece una tasa media de degradación anual del 2,3%. Esto proyecta que, tras ocho años de uso, la batería media conservaría alrededor del 81,6% de su capacidad original. El factor que más acelera la degradación, según Geotab, es el uso frecuente de carga rápida de alta potencia (por encima de 100 kW), que puede duplicar la velocidad de degradación respecto a la carga lenta – hasta un 3,0% anual frente al 1,5% de quienes cargan habitualmente a baja potencia.
También merece atención el Battery Performance Index 2025 de Generational, el mayor análisis de estado de baterías en vehículos eléctricos de segunda mano realizado en Reino Unido. Con más de 8.000 evaluaciones en coches de hasta 12 años y más de 260.000 km, el estudio encontró una salud media de batería del 95,15%, y vehículos de entre 8 y 9 años todavía mantenían una capacidad media del 85%. Su conclusión es contundente: la degradación de baterías no es un riesgo sistémico.
¿Qué significa esto para los compradores europeos del Mach-E?
En Europa, Ford ofrece una garantía de 8 años o 160.000 km para la batería de alto voltaje del Mustang Mach-E, asegurando que mantendrá al menos el 70% de su capacidad original durante ese periodo. Es una garantía estándar en la industria, similar a la que ofrecen la mayoría de fabricantes.

Lo que el caso de Blenkle demuestra es que esa garantía del 70% a 160.000 km es extremadamente conservadora. Su batería retiene el 92% tras más de tres veces esa distancia. Evidentemente, sus hábitos de carga son ejemplares, pero el mensaje de fondo es potente: con un uso responsable, las baterías actuales están diseñadas para durar muy por encima de lo que el fabricante garantiza.
Ford ha indicado, basándose en sus propios datos de validación, que las baterías del Mach-E están diseñadas para durar al menos 10 años y conservar el 90% de salud a los 160.000 km. El dato de Blenkle va mucho más allá de esa promesa. Y hay que tener en cuenta que el Mach-E utiliza celdas NCM suministradas por LG Chem, una química que ofrece buena densidad energética pero que, en teoría, es menos resistente a la degradación que las baterías LFP. Que una batería NCM aguante así tras más de 500.000 km dice mucho de la calidad de la ingeniería del paquete y su gestión térmica.
La degradación no es lineal
Un aspecto que muchos usuarios desconocen es que la degradación de las baterías de iones de litio no es lineal. Los expertos describen una curva en forma de S: hay una pequeña pérdida inicial durante los primeros meses o miles de kilómetros, seguida de un largo periodo de degradación muy lenta y estable, y finalmente una caída más pronunciada al final de la vida útil. Es exactamente lo que describe la ciencia detrás de la formación de la capa SEI en el ánodo durante los primeros ciclos, un fenómeno que ya explicamos en detalle en nuestro artículo sobre los ciclos de carga y cuántos aguanta un coche eléctrico.
La inmensa mayoría de los coches eléctricos actuales se encuentran en esa fase intermedia de degradación lenta. Según datos de Recurrent, solo un 1,5% de los vehículos eléctricos de su comunidad de más de 30.000 coches ha necesitado un reemplazo de batería. En los modelos fabricados a partir de 2022, esa cifra baja hasta el 0,3%. Y si llegara el caso, conviene saber que las baterías de coches eléctricos sí se pueden reparar, en muchos casos sustituyendo solo un módulo y no el paquete completo.

Una investigación reciente publicada en Nature Climate Change por la Universidad de Michigan aporta otro dato relevante: los avances tecnológicos en las baterías fabricadas entre 2019 y 2023 han mejorado tanto su durabilidad que compensan el efecto negativo del aumento de temperaturas por el cambio climático. Las baterías más antiguas (2010-2018) podrían perder hasta un 30% de vida útil en un escenario de calentamiento de 2°C, pero las modernas limitan ese impacto a un máximo del 10%. Aquí juega un papel fundamental el preacondicionamiento de la batería, una función que cada vez más coches eléctricos incorporan para proteger las celdas del estrés térmico.
Los datos reales desmontan el mito
El Ford Mustang Mach-E de David Blenkle no es solo una curiosidad estadística. Es la demostración práctica, con más de medio millón de kilómetros reales, de que las baterías de los coches eléctricos modernos no son la bomba de relojería que algunos quieren hacer creer. Y no es el único caso: el Tesla Model 3 de Javier Cervera, con sus 518.000 km, muestra exactamente la misma tendencia desde el otro lado del Atlántico.
Con buenos hábitos de carga – evitar el 100%, no agotar la batería, priorizar la carga lenta en casa – y un mantenimiento básico, un coche eléctrico actual puede ofrecer cientos de miles de kilómetros con una pérdida de autonomía prácticamente irrelevante para el uso diario. Para los compradores que dudan entre un eléctrico y un coche de combustión por miedo a la batería, los datos son cada vez más contundentes: la batería probablemente durará más que el propio coche.