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9 guiños al 2CV de 1948. Así respetará el diseño clásico el nuevo Citroën 2CV eléctrico

Citroën ha cerrado su cuenta atrás en redes sociales. Ninguna imagen enseña el coche entero, pero ya se pueden contar los rasgos del 2CV original que vuelven en el prototipo eléctrico, que se estrena en París el domingo 11 de octubre. Son nueve, y casi todos tienen detrás una historia que explica por qué el 2CV era como era. Los repasamos uno a uno: qué significaban en 1948, qué cambia en el eléctrico de 2028 y cuáles tienen más opciones de llegar al coche de serie.

La campaña se llamó Time 2 Meet Again y duró del 30 de septiembre al 5 de octubre. Citroën publicó una imagen al día en sus redes, y esta semana esas mismas imágenes se exponen en la estación de metro de Porte de Versailles, junto al recinto del salón. Ya conté qué enseñaban esos teasers y por qué muchos rasgos del 2CV nacieron para ahorrar dinero. Ahora toca ordenarlos uno a uno, y añadir uno que Citroën no ha enseñado.

Antes de empezar, hay una paradoja. Cuando confirmó el proyecto en mayo, Citroën insistió en que el nuevo modelo recogería el espíritu del original, y no su estética retro. Su CEO, Xavier Chardon, llegó a decir que no se trataba de nostalgia. Los teasers apuntan justo en la dirección contraria. El concept es mucho más literal que el Renault 5, que se dibujó como si el coche hubiera seguido evolucionando sin interrupción desde los 70. El 2CV, en cambio, parece copiar al de 1948 casi pieza por pieza.

1. El techo en arco

Fue lo primero que se vio, en la imagen en penumbra que Citroën enseñó en el Investor Day de Stellantis del 21 de mayo. El techo arranca en curva sobre el parabrisas y cae casi en línea recta hasta la zaga. Ese perfil viene del encargo que la marca se puso a sí misma en los años 30: un coche muy barato que tuviera sitio de sobra en altura para sus ocupantes.

Es el rasgo que más fácil lo tiene para llegar a producción. Un eléctrico lleva la batería bajo el suelo y gana altura de carrocería, y un techo alto y abombado encaja bien con esa arquitectura.

2. Las aletas separadas de la carrocería

En el teaser de mayo ya se adivinaban unas aletas delanteras y traseras muy marcadas, que sobresalen del cuerpo del coche. En el 2CV original iban atornilladas, igual que las puertas y el capó. Cambiar una pieza dañada costaba poco y se podía hacer en casa, algo muy coherente con un coche pensado para el campo.

En el eléctrico vuelven como volumen, pero con un coste añadido que el original no tenía: las aletas salientes empeoran la aerodinámica. En un urbano con batería pequeña, cada décima de coeficiente se nota en la autonomía. Lo vi muy claro viajando con el Renault Twingo, donde la eficiencia es la que permite ir lejos con poca batería. Mi apuesta es que la serie conserve el dibujo de las aletas, pero bastante más integrado.

3. El capó abombado y estriado

Es probablemente el rasgo más reconocible del 2CV, y Citroën lo ha reproducido de forma muy fiel. En el original, las estrías no eran decorativas: daban rigidez a una chapa muy fina sin añadir peso. Los primeros 2CV llevaban un capó con ondulaciones finas en toda su superficie, y en diciembre de 1960 se cambió por el de cinco nervaduras que recuerda casi todo el mundo.

En el prototipo, las estrías vuelven como pura forma, porque una chapa de 2028 no necesita ese truco. Lo que sí ha cambiado por completo es lo que hay debajo, y eso afecta directamente a otro de los guiños, la toma de aire del frontal.

4. Los faros de burbuja

Los faros del 2CV eran redondos e iban sujetos a una barra, por fuera de la carrocería. Eran baratos de fabricar y muy fáciles de sustituir. En el concept siguen siendo redondos y sobresalen sobre las aletas como si estuvieran apoyados en ellas. Hay dos cambios: la firma luminosa es ahora un anillo de LED y, como apunta Automobile Propre, el faro está achatado en la parte superior. Entre los dos faros irá el doble chevrón iluminado que ya se intuía en el primer teaser.

Este es el elemento que veo más en riesgo en la versión de serie, y no por coste. Un faro que sobresale es un volumen en la zona donde golpearía un peatón en un atropello, y la normativa europea de protección de peatones es muy exigente con eso. Tiene solución, pero suele obligar a meter el faro un poco más dentro de la carrocería.

5. La toma de aire frontal

Este es el único de los nueve guiños que Citroën no ha enseñado en su campaña, pero en TestCoches hemos podido confirmar que el prototipo mantendrá una toma de aire en el frontal, como el 2CV original.

En 1948 esa rejilla era imprescindible. El 2CV llevaba un pequeño bicilíndrico refrigerado por aire, sin radiador de agua. Un ventilador montado en el extremo del cigüeñal forzaba el aire que entraba por el frontal alrededor de cilindros y culatas, y lo hacía pasar también por un pequeño radiador de aceite. Era otra solución pensada para simplificar: sin circuito de agua no había líquido que pudiera congelarse en invierno ni fugas que reparar.

En un eléctrico, la necesidad es mucho menor. Batería, motor y electrónica se refrigeran con un circuito de líquido que necesita bastante menos aire que un motor de combustión, y muchos eléctricos cierran casi por completo el frontal para mejorar la aerodinámica. Que Citroën mantenga la toma de aire en el concept dice mucho de hasta dónde quiere llevar la fidelidad al original. Habrá que ver si en la serie sigue siendo funcional o pasa a ser, como las estrías del capó, un elemento sobre todo de diseño.

6. Los tiradores de las puertas

Es el detalle que más comentarios ha generado entre los aficionados. Los tiradores del concept imitan a los del original: una pieza pequeña y sencilla que se gira con la mano. Se alejan así de las manetas enrasadas y escamoteables que se han puesto de moda en los eléctricos, que ahorran algo de resistencia aerodinámica pero han recibido críticas por su manejo en situaciones de emergencia.

Es un guiño barato de llevar a producción. Un tirador mecánico simple cuesta menos que uno motorizado, así que encaja con un coche de menos de 15.000 euros por pura lógica de costes, no solo por estética.

7. La custodia ciega con el intermitente en lo alto

De perfil, el pilar trasero del concept es una superficie de chapa sin ventanilla, como en los primeros 2CV. A partir de 1965, casi todas las versiones ganaron una tercera ventanilla lateral detrás de las puertas traseras, aunque las más básicas siguieron sin ella hasta finales de los 70. En lo alto de ese pilar aparece un pequeño intermitente, en la misma posición que los repetidores que llevaban los 2CV desde finales de los años 50.

La custodia ciega tiene una consecuencia práctica que el día de la presentación habrá que mirar: peor visibilidad en tres cuartos trasero. En 1948 no importaba mucho. En un coche urbano de 2028 se resolverá con cámaras, pero es un ejemplo claro de cómo el diseño fiel al original obliga a pagar un pequeño peaje.

8. Llantas de aspecto de chapa y neumáticos Michelin con tipografía retro

Las llantas del concept están dibujadas para parecer ruedas de chapa, como las del original, y los neumáticos Michelin llevan una tipografía antigua con chevrones grabados en el flanco. Hay una razón histórica para esa marca: cuando nació el 2CV, Citroën pertenecía a Michelin, que controló la empresa desde mediados de los años 30 hasta mediados de los 70.

Si el coche de serie mantuviera además neumáticos estrechos y de perfil alto, como el 2CV, no sería solo una cuestión estética. Un neumático estrecho reduce la resistencia aerodinámica y, en general, la resistencia a la rodadura, y eso es justo lo que necesita un urbano eléctrico con batería pequeña para estirar su autonomía.

9. El naranja del 2CV Spot

La carrocería que se ve en todas las imágenes es naranja, y no por casualidad. Según LesVoitures, es un guiño al 2CV Spot de 1976, la primera serie limitada de la marca, que cumple ahora 50 años. Es el único de los nueve guiños que no remite al 2CV de 1948, sino al de los años 70, cuando el coche dejó de ser solo una herramienta y empezó a venderse también como objeto con personalidad.

Lo que todavía no se ha visto

Faltan piezas importantes del puzle. Ningún teaser enseña el techo, así que no sabemos si habrá un guiño al techo de lona enrollable. Tampoco se ha visto el interior, ni se sabe cuántas puertas tendrá. Y Citroën no ha dado una sola cifra técnica: ni batería, ni potencia, ni autonomía, ni potencia de carga.

Lo confirmado es poco, pero claro. Será 100% eléctrico, llegará en 2028 y se fabricará en Pomigliano d’Arco (Italia) dentro del programa E-Car de Stellantis. El objetivo de precio es inferior a 15.000 euros antes de ayudas, una cifra que de momento es un compromiso de la marca, no una tarifa. Ya expliqué por qué, a ese precio, el 2CV será un urbano y no un coche para todo, y por qué su base técnica apunta a la del próximo Leapmotor T03.

El domingo a las 19:00 veremos el coche completo. Por lo enseñado hasta ahora, el diseño va a gustar mucho. La pregunta de verdad es cuántos de estos nueve guiños sobreviven al paso del concept a la serie sin que el coche se aleje de los 15.000 euros. Mi apuesta: el techo, el capó, los tiradores y el color llegan casi intactos, y los faros y las aletas se suavizan.

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