En tu coche hay un sistema de refrigeración que sirve para mantener la temperatura idónea en el motor, de tal modo que no se desgaste o se averíe, y funcione al rendimiento óptimo. Si este sistema de refrigeración sufre algún tipo de avería, el resto del motor –y otros componentes asociados- sufren también un importante riesgo de avería. Pues bien, dentro de este circuito hay ‘agua’, o más bien líquido refrigerante o líquido anticongelante. ¿Qué pasa si tu coche gasta ese agua?

Si tu coche gasta agua, pero no se calienta, quiere decir que de alguna manera estás perdiendo líquido refrigerante. Esto puede ocurrir por varios motivos. Uno de los más habituales es que veas que el nivel del vaso de expansión ha bajado, pero se deba sencillamente a que el sistema de refrigeración ha alcanzado una sobrepresión que ha obligado a expulsar parte del líquido anticongelante. Esto no supondría un peligro de ningún tipo para la mecánica de tu coche y, de hecho, es una medida de seguridad. Así que, si tu coche gasta agua por este motivo, efectivamente no se calienta y no hay de qué preocuparse.

Mi coche pierde agua, pero no se calienta ¿por qué ocurre?

Otros motivos por los que tu coche puede perder líquido refrigerante pero no calentarse es porque el vaso de expansión tenga su junta de estanqueidad del tapón deteriorada. Un desgaste en esta junta provocaría que, efectivamente, se esté perdiendo líquido anticongelante por el propio vaso de expansión. Pero hay otras juntas que se pueden deteriorar y hacer que se pierda agua como, por ejemplo, la junta de la bomba del agua o la del termostato. Si ocurre esto, la solución a la avería es sencilla y económica, pero supone una fuga de líquido anticongelante y, poco a poco, iremos poniendo en riesgo el motor del coche porque puede acabar calentándose por encima de su temperatura óptima.

Hay otros puntos en los que el sistema de refrigeración puede tener fugas que hagan que pierda agua el coche. Por ejemplo, una fuga que afecte al radiador de la calefacción, que notaríamos porque la calefacción no funciona adecuadamente y, en muchos casos, se producen incluso humedades en el habitáculo. Pero hay problemas mucho más graves, como las averías en la junta de la culata, que pueden hacer que el propio aceite del motor ‘evapore’ el líquido refrigerante. Afortunadamente, esto es algo que podemos notar con facilidad porque el líquido anticongelante se verá más espeso de lo normal y con un color parecido a la mahonesa.

Si tu coche pierde agua, pero no se calienta, es muy posible que tengas una avería relacionada con el sistema de refrigeración y es importante identificarlo lo antes posible. No obstante, puede estar relativamente tranquilo, porque mientras la temperatura no sea superior a la debida, los riesgos de que se produzca otra avería más grave son bastante bajos. En cualquier caso, acude al taller lo antes posible para que puedan localizar dónde está la fuga y por qué se está produciendo.