Desde hace varios años, en el seno de la DGT se ha intentado que exista una comunicación fluida entre la Dirección General de Tráfico y el colectivo de médicos con el fin de que si algún paciente presenta algún tipo de enfermedad o está sometido a medicación que pueda afectarle a la conducción, se pueda informar al organismo dependiente del Ministerio del Interior y de esta forma sepan que ese conductor no está en condiciones de ponerse detrás de un volante.

Ya en 2013 y en tiempos en los que María Seguí estaba al frente de la DGT, se habló bastante sobre el tema, señalando la existencia de un procedimiento para ello pero que quizás no era lo suficientemente conocido, sobre todo porque a veces puede plantear dudas sobre la confidencialidad entre el médico y el paciente.

Es por ello que a finales del año pasado, el PP lanzaba una Propuesta no de Ley incluida conjuntamente al resto de reformas de la Ley de Seguridad Vial que se está discutiendo en la Comisión de Seguridad Vial del Congreso de los Diputados para su aprobación, en la que se insta a que haya esta comunicación bidireccional mediante la cual, la DGT pueda retirar o suspender el permiso de conducir si el paciente tiene una lesión o patología que le incapacite para conducir.

10 años, demasiado tiempo para detectar un conductor no capacitado

Los periodos de renovación del carnet son de 10 años en el caso de la clase B y A, mientras que el resto se renuevan cada cinco años hasta haber cumplido los 65. Una vez llegada a esa edad, los periodos se acortan a los cinco y tres años respectivamente.

Si tenemos en cuenta estos periodos entre renovaciones tan laxos en los que no se pasa ningún tipo de reconocimiento médico, es fácil llegar a la conclusión de que un paciente pueda estar conduciendo largos periodos de tiempo antes de que pueda detectarse su falta de aptitud psicofísica al volante.

Lamentablemente, parece que no somos capaces de decidir por nosotros mismos cuándo estamos en condiciones de conducir y cuándo podemos estar poniendo en riesgo al resto de conductores de la vía por un síntoma subyacente que, llegado el caso, pueda hacernos tener un accidente.