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El Tesla Model 3 Standard gana 38 km sin subir de precio. La letra pequeña está en sus neumáticos Giti

Tesla ha subido la autonomía homologada de su berlina de acceso de 534 a 572 kilómetros WLTP sin tocar la batería, el motor ni la carrocería. Todo el mérito es de un neumático con menor resistencia a la rodadura. El problema es que la goma que monta hoy ese coche está siendo cuestionada estos días en público por un desgaste anómalo a muy pocos kilómetros, y eso abre una pregunta incómoda sobre qué se paga a cambio de esos 38 kilómetros de más.

La actualización llegó el 28 de agosto y es de las que a Tesla le gustan: silenciosa, barata y con un titular redondo. El Model 3 de tracción trasera pasa a anunciar 572 kilómetros WLTP frente a los 534 anteriores, un 7,1% más, con un consumo homologado que baja de 13,0 a 12,2 kWh/100 km. No hay batería nueva, no hay cambios aerodinámicos y no hay un truco de software. Hay neumáticos nuevos. Y punto.

La compañía lo confirmó a través de su cuenta europea y de su portavoz para la región, pero no ha identificado el modelo concreto de neumático ni ha dado detalles técnicos sobre cómo consigue esa reducción de consumo. El cambio aplica a todos los mercados europeos con volante a la izquierda y ya se puede configurar, aunque las primeras entregas con la nueva especificación no llegarán hasta noviembre. Quien tenga un Model 3 Standard aparcado en la puerta hoy no se va a beneficiar de nada de esto.

Los números encajan, y eso ya dice mucho

Antes de entrar en la polémica conviene comprobar que la cifra es coherente, porque no siempre lo es. Pasar de 13,0 a 12,2 kWh/100 km supone una mejora de eficiencia del 6,2%. Aplicada sobre los 534 kilómetros originales, esa mejora daría unos 569 kilómetros. Tesla anuncia 572. La diferencia es de redondeo y de tolerancias de homologación, así que no estamos ante un maquillaje de configurador: la ganancia de autonomía es exactamente la que se deriva del menor consumo, ni un kilómetro regalado.

Que un neumático mueva la aguja un 6% no debería sorprender a nadie. En el ciclo WLTP, que combina fases urbanas y extraurbanas donde la aerodinámica todavía no manda de forma absoluta, la resistencia a la rodadura es responsable de una parte muy grande de la energía consumida. La regla práctica que se maneja en la industria es que reducir un 10% el coeficiente de resistencia a la rodadura recorta alrededor de un 3% el consumo. Para conseguir el 6,2% que anuncia Tesla haría falta bajar ese coeficiente en torno a un 20%, que es un salto enorme dentro de un mismo tamaño de neumático. No es un ajuste fino: es un compuesto sensiblemente distinto.

En España el precio no se mueve. El Model 3 Standard mantiene los 36.990 euros de partida y la promoción vigente de 3.395 euros lo deja en 33.365 euros antes de ayudas públicas, según la información publicada sobre el configurador español, que además apunta directamente a Giti como marca de los nuevos neumáticos. Y ahí es donde la noticia se cruza con otra conversación que lleva dos días circulando.

Tacos escorchados a 7.000 kilómetros

Lars Hoffmann, responsable de Todos Eléctricos, publicó el 27 de agosto unas fotografías del estado de los Giti de su Tesla Model 3 Standard tras apenas 7.000 kilómetros. Lo que se ve no es desgaste: son trozos de dibujo arrancados, tacos rotos y bordes de las ranuras longitudinales literalmente desprendidos. En su descripción lo resume en tres palabras: «Se escorchan delante». El detalle importa, porque hablamos de un coche de tracción trasera, así que el daño no está en el eje que transmite el par.

El contraste que él mismo publicó a continuación es el que da dimensión al asunto. En su Tesla Model 3 AWD calza Michelin Pilot Sport 4, un neumático de altas prestaciones que no está optimizado para eficiencia, y tras 21.000 kilómetros y un año de uso están intactos. Y eso montado en un coche más pesado, con tracción total y con el doble de potencia. Tres veces más kilómetros, mucha más carga mecánica y ni rastro de desprendimientos.

La comparación no es un ensayo de laboratorio, obviamente. Son dos coches, dos usos y dos conductores distintos. Pero el patrón que describe es exactamente el que uno esperaría si el problema estuviera en el compuesto y no en el trato que recibe la goma.

El diagnóstico de Guille García Alfonsín

La respuesta que hizo estallar el hilo llegó de Guille García Alfonsín, ingeniero, profesor y responsable del canal PowerArt. Su veredicto fue directo y sin anestesia: «esas gomas son una mierda».

Más allá de la contundencia, su explicación técnica es la parte útil. Sostiene que los desgarros de tacos como los de las fotos solo aparecen en unos pocos escenarios concretos: cuando el compuesto es sencillamente malo, cuando la goma está pasada de fecha y reseca, cuando se rueda con presiones inadecuadas, o cuando se ha circulado por grava o sobre asfalto a temperaturas muy altas. Su conclusión es que el compuesto no está a la altura de los esfuerzos a los que lo somete el coche, y añade que le parece lamentable que un neumático así se monte como primera monta.

Merece la pena detenerse en su lista, porque un usuario que vea estas fotos en su propio coche debería descartar primero lo barato. Un Model 3 rueda con presiones altas, del orden de 2,9 bar, y circular por debajo de lo indicado calienta los flancos y castiga el dibujo. El verano español, con asfalto que pasa fácilmente de los 55 grados, tampoco ayuda. Y un neumático almacenado demasiado tiempo antes de montarse pierde elasticidad. Aun así, ninguna de esas circunstancias explica por sí sola que un eje delantero de un coche de tracción trasera pierda material a 7.000 kilómetros mientras un Pilot Sport 4 aguanta 21.000 sin despeinarse.

Pero Giti no es la marca blanca que muchos imaginan

Aquí es donde conviene frenar el linchamiento fácil, porque la realidad es bastante menos cómoda para las dos posturas. Giti Tire no es un fabricante chino de tercera fila: es una compañía singapurense con raíces indonesias, antigua GT Radial, con más de setenta años de historia y producción en China, Indonesia y Estados Unidos. Ya suministra equipo original a marcas del Grupo Volkswagen y a Dacia.

El neumático que monta el Model 3 de 18 pulgadas es, con toda probabilidad, el GitiControl P10 con marcaje T0, la especificación desarrollada expresamente bajo los requisitos de Tesla. Y sus resultados en pruebas independientes son incómodos para el relato del neumático barato. En un comparativo de 2026 realizado sobre un Model 3 con medida 235/45 R18, el Giti ganó de forma clara: frenó en 32,7 metros en mojado frente a los 34,2 del Michelin e.Primacy y los 35,1 del Bridgestone Turanza T005 EV, firmó la mejor vuelta en trazado mojado y registró además la resistencia a la rodadura más baja de los tres.

Los datos agregados de las pruebas independientes publicadas sobre el P10 apuntan en la misma dirección: rendimiento en mojado por encima de rivales premium y como principal punto débil el ruido, no el agarre. Es decir, el neumático que se está cuestionando estos días es, en pruebas con goma nueva, uno de los mejores que se pueden montar en un Model 3.

La contradicción que explica el problema

Y esa aparente contradicción es exactamente la clave del asunto, porque las pruebas comparativas miden neumáticos nuevos. Miden frenada, agarre, ruido y consumo el primer día. Casi nunca miden resistencia al desgarro después de miles de kilómetros de calor, esfuerzo lateral y ciclos térmicos, que es precisamente donde Hoffmann tiene el problema.

La física detrás es sencilla. La resistencia a la rodadura es, en esencia, energía perdida por histéresis: la goma se deforma al pisar y no devuelve toda esa energía al recuperar su forma. Para reducirla se recurre a compuestos con mayor proporción de sílice, menos aceites y una matriz más rígida, que se deforman menos y disipan menos calor. Lo que se gana en eficiencia se tiende a perder en tenacidad, resistencia al desgarro y capacidad de absorber agresiones puntuales. Un compuesto duro y poco elástico agarra bien en mojado gracias a la sílice, pero encaja peor un bordillo, una piedra o un taco sometido a esfuerzo lateral repetido a 55 grados de asfalto.

Añádase el contexto del coche: un eje delantero que carga con la dirección, con neumáticos anchos, presiones altas y un peso muy superior al de una berlina térmica equivalente por culpa de la batería. La combinación de compuesto de bajísima histéresis y esfuerzo lateral sostenido es, sobre el papel, la receta perfecta para que los tacos empiecen a soltarse por los bordes.

Y aquí llega el detalle que casi nadie está poniendo sobre la mesa: el Model 3 Standard ya monta Giti. Si el neumático que le da los 38 kilómetros extra es también un Giti, como apunta la información publicada, no estamos ante un estreno de marca sino ante una especificación todavía más orientada a la eficiencia que la actual. Y si el compuesto actual ya presenta desgarros a 7.000 kilómetros, ir un paso más allá en resistencia a la rodadura no es una noticia inocente.

Qué significa esto si te estás planteando comprarlo

Nada de lo anterior invalida la actualización. Los 38 kilómetros son reales en el sentido que importa: el consumo homologado baja de verdad y, a diferencia de las ganancias que se sacan de la manga con software o con optimizaciones de ciclo, una menor resistencia a la rodadura también se nota en uso real, sobre todo en ciudad y carretera secundaria. Quien haga muchos kilómetros lo va a ver en la factura de la luz.

Lo que hay que entender es que esa ganancia tiene fecha de caducidad y coste asociado. Cuando toque cambiar neumáticos, si se opta por un premium convencional en lugar de la referencia homologada, buena parte del 6% de eficiencia se evapora. Y si el compuesto de bajísima rodadura efectivamente dura menos, el ahorro energético se financia con una sustitución más temprana. Un juego de neumáticos en esa medida no baja de los 500 euros, y adelantarlo 15.000 kilómetros se come muchos años de ahorro en kWh.

Para quien ya tenga el coche, lo sensato es bastante prosaico: revisar las presiones en frío con regularidad, respetar la rotación aunque el coche sea de tracción trasera, e inspeccionar visualmente los hombros y las ranuras longitudinales del eje delantero cada pocos miles de kilómetros. Si aparecen desprendimientos de material como los publicados, es motivo para acudir al servicio técnico y documentarlo, porque un desgaste anómalo prematuro de la primera monta es reclamable.

La conclusión honesta es que Tesla ha hecho un ejercicio de ingeniería fino y perfectamente legítimo. Ha identificado el elemento con más margen de mejora del coche y lo ha explotado sin subir el precio, algo que muy pocos fabricantes están haciendo mientras la competencia resuelve el mismo problema metiendo más kilos de batería. Pero cuando la mejora de un coche depende por completo del neumático, el neumático deja de ser un consumible y pasa a ser una pieza de ingeniería crítica. Y sobre esa pieza concreta hay ahora mismo una conversación pública abierta que Tesla, que ni siquiera ha querido decir qué goma monta, haría bien en responder con datos.

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