Decidí dar el salto por fin, y comprarme un coche eléctrico. De entre las muchas opciones que ya tenemos disponibles opté por el FIAT Grande Panda. Que, por cierto, en versión eléctrica llaman FIAT Grande Panda e. Por su estética, por su equipamiento, por sus medidas, porque tiene 5 plazas y era un requisito para nosotros, pero también por sus buenas especificaciones técnicas.
Este coche usa una batería LFP de 44 kWh de capacidad que fabrica SVolt. Tiene un sistema de carga rápida a 100 kW de potencia máxima, y además lleva un cargador embarcado de 7,4 kW en corriente alterna. Y uno de sus puntos fuertes es que lleva un cable de corriente alterna integrado en el frontal, para no tener que llevarlo siempre en el maletero. El caso es que es un coche con varios fallos inaceptables.
No es que sea un coche decepcionante, pero sí que tiene algunos evidentes problemas de software que hacen difícil recomendar su compra. Empezando por el simple hecho de que no marca el consumo medio, en kWh/100 km, en su sencillo ordenador de abordo. Y eso que en la configuración sí deja escoger qué unidades usar para mostrar el consumo, y en el manual de usuario hace varias referencias a estos datos.
Es decir, que FIAT sí lo ha contemplado, pero por alguna razón para la que no tengo explicación, su software no muestra esta información crítica por ninguna parte. Ni que decir tiene que los servicios conectados, y su aplicación, son sencillamente un desastre que parece que no han terminado de desarrollar antes de lanzar el coche al mercado. Y eso que, recordemos, es un coche que llegó con retraso a su comercialización por algunos problemas de software compartidos también con el Citroën ë-C3.
Hice un con él un primer viaje de unos 450 kilómetros de distancia, entre Madrid y Alicante. Es el viaje que suelo hacer para poner a prueba todos los coches eléctricos que pasan por mis manos. Así que este, siendo mi propio coche, cómo no iba a pasar exactamente por el mismo test. Y pude ver que, aunque en FIAT parecen haber querido esconderlo, su consumo es desorbitado. Ineficiencia y falta de aerodinámica, claro, son los dos problemas que se juntan para este cóctel no muy agradable.
Para poder viajar con él, aunque solo sea de forma esporádica, hay varios problemas críticos. Uno de ellos es que anuncia 100 kW de potencia máxima de carga, y es imposible alcanzar esa potencia cuando lo conectamos a un cargador de potencia muy superior en corriente continua. Es algo que ya habíamos visto que también le ocurre al Citroën ë-C3, con el que comparte plataforma y buena parte de sus componentes.
A esto hay que sumarle que cuando lo conectamos para cargar no dice a qué potencia está cargándose la batería, sino que hay que recurrir a la información que nos da el propio cargador. Y solo es capaz de mostrar cuánto queda para llegar al 100%, pero no se puede programar la carga limitada al 100% desde el sistema multimedia, y no nos dice cuánto tiempo le queda para estar cargado al 80%.
Sobre esto último hay que tener en cuenta que sí, habrá veces que carguemos la batería hasta el 100% de su capacidad, pero es cierto que en viaje lo más recomendable es cargar hasta el 80%. Tanto por salud de la batería como, por supuesto, también porque así se optimiza la curva de carga y, en definitiva, se tarda menos tiempo en recuperar energía. Es lo óptimo, digamos, no solo en este sino en cualquier coche eléctrico.
Quizá lo más grave de todo es que cuando hacemos una carga en corriente continua el FIAT Grande Panda e no mantiene el climatizador activo. Es decir, que no podemos quedarnos en el habitáculo cuando hace demasiado frío, o cuando hace demasiado calor. Algo que limita mucho sus opciones y rompe con la experiencia de uso. Algo que es sencillamente inaceptable para un coche que parte de 26.000 euros, aproximadamente. Y todo esto son cosas que FIAT puede resolver por software si le viene en gana. Pero habría que pasar por taller, porque este coche no tiene actualizaciones OTA, en pleno año 2025.