Existen dos tipos de freno: de disco y de tambor. Lo habitual es que a partir de cierto segmento se utilicen frenos de disco, pero hay muchos coches que cuentan con una combinación; es decir, frenos de disco en el eje delantero y, sin embargo, frenos de tambor en el eje trasero. Pero ¿qué es mejor? Hay diferencias clave entre estos dos tipos de freno, aunque ambos se basan en el mismo principio de fricción de dos componentes.

La gran diferencia entre los frenos de disco y los frenos de tambor está en la capacidad de disipar el calor que se produce por la fricción entre las partes fijas y las partes móviles del sistema de freno. En este sentido, por norma general, un freno de disco tiene una mayor capacidad que un freno de tambor para liberar calor. Esto es lo que hace que, aunque ambos sistemas de freno puedan tener la misma capacidad de frenado, el freno de disco experimente una menor fatiga y, por lo tanto, sea más efectivo a lo largo de la conducción. Por contra, un freno de tambor tiene mayores dificultades para liberar calor y, por tanto, con varias frenadas acaba perdiendo efectividad antes que el freno de disco.

¿Es mejor un freno de disco o un freno de tambor? Estas son sus principales diferencias

En un freno de disco, un pistón –o varios- son los que empujan las pastillas de freno contra la superficie del disco para provocar fricción y detener el vehículo. En un freno de tambor, sin embargo, un émbolo hidráulico se expande y empuja las balatas contra la pared del tambor. Es decir, que ambos sistemas de freno actúan por fricción sobre otro elemento. La gran diferencia está en que en un freno de disco el calor se libera rápidamente y, sin embargo, en un freno de tambor tarda en salir el calor producido por la fricción, que se queda atrapado entre la base que sujeta el conjunto de émbolos, resortes, balatas y otros componentes, y el propio tambor de acero.

Así, el freno de tambor, en tanto que no tiene buena refrigeración, sufre más rápido de fatiga en componentes como las balatas, el émbolo hidráulico o incluso el líquido de frenos. De hecho, sus problemas para disipar la alta temperatura pueden llegar a producir una fractura del tambor si se abusa de los mismos. Y cuando esto ocurre, que el freno está caliente, la efectividad es menor y, por tanto, el tiempo de frenado y la distancia de frenado son mayores.

A diferencia de lo que ocurre en un freno de tambor, que tiene el conjunto encerrado en el propio tambor de acero, los frenos de disco tienen los cálipers y discos expuestos al paso del aire, que fluye cuando el vehículo está en movimiento y hace que el conjunto no se caliente en exceso. Otro problema de los tambores es que las balatas se desajustan con el tiempo y se deben calibrar para que la frenada sea homogénea entre el eje delantero y el trasero.

Los frenos de tambor tienen una mayor superficie de fricción que hace que sean muy efectivos cuando su temperatura es la correcta. Además son mucho más baratos. Y el motivo por el que en algunos coches se utilizan discos delante y tambores detrás es sencillo: cuando se frena el coche, el protagonismo de la frenada lo tiene el eje delantero por el desplazamiento de la masa. Así que, aunque haya frenos en cada una de las ruedas, donde mayor esfuerzo se requiere es en el eje delantero.