Tesla está enseñando su sistema de conducción autónoma –supervisada- en España tanto a medios de comunicación como a clientes. Lo están haciendo con unidades convencionales del Tesla Model 3 y del Tesla Model Y, en diferentes configuraciones, pero que son idénticas a las que venden a sus clientes, y también idénticas a las que ya circulan por nuestras carreteras.
No existe ninguna diferencia técnica en hardware. Lo único que diferencia a estas unidades, que por cierto, se identifican por su matrícula roja y un distintivo especial de la DGT, es porque cuentan con un software más actualizado. Tanto, que de hecho solo está disponible en inglés. En tanto que su despliegue en Europa no es generalizado, sino solo para este tipo de pruebas, no está traducido al español. Y tampoco al resto de idiomas de Europa.
No sabía prácticamente nada sobre el avance del sistema FSD de Tesla
Algo sabía, porque forma parte del desarrollo del sector, y no vivo en una cueva. Pero es cierto que, a propósito, me había mantenido bastante ajeno a la actualidad relacionada con la tecnología Fulls Self Driving (Supervised) de Tesla. Especialmente desde el momento en el que se desplegó en los Estados Unidos, y más aún cuando vi que empezaban las pruebas en Europa. ¿Por qué? Porque sabía que llegaría aquí y no quería estar condicionado por las opiniones de terceros, ni por vídeos de redes. Quería tener la experiencia propia desde la ignorancia.
Bueno, cosas mías, que soy así. Y a pesar de todo, de algo me había enterado antes de llegar allí a Fuenlabrada, que es donde hice esta prueba de conducción autónoma. Antes de montarme hice también algunas pequeñas preguntas como las que te he comentado ya: si existen diferencias de hardware, qué impone la DGT para ejecutar las pruebas, y algunas otras cosas.
Lo más sorprendente: suavidad, anticipación y capacidad de improvisación
Como me estuvieron contando durante la prueba, en la que no podíamos grabar audio tampoco estaba permitido grabar al «instructor», el sistema está entrenado con los datos de conducción de los millones de coches Tesla, de clientes, que llevan años circulando por todo el mundo. Eso quiere decir que está parametrizado con input humano, y no con un comportamiento programado «en laboratorio» y en base a la señalización. Por eso, las sensaciones cuando se activa el FSD son de una conducción humana muy depurada.
Lo más sorprendente es cómo se adapta de forma natural a las condiciones climáticas y, sobre todo, al comportamiento del resto de usuarios de la vía. Por eso, nada más salir del recinto del concesionario de Tesla, el Tesla Center en Fuenlabrada –Madrid-, nos encontramos con un trailer que tenía bloqueado nuestro carril y pudimos ver cómo el Model 3 en el que estábamos probando en el sistema hizo un doble, o triple STOP, hasta que finalmente invadió el carril contrario para sortear el obstáculo.
Este es un comportamiento humano. Tu carril está bloqueado así que te asomas de forma prudente hasta que tienes visión del carril contrario completo. Si es necesario y sin obstaculizar al tráfico que viene en contra, te asomas un poco más. Así me lo enseñaron en la autoescuela hace algunos cuantos años, de hecho, indicándome que eso era «un doble STOP». Cuando tiene buena visión, y tiene el hueco suficiente, de manera prudente pero con contundencia ejecuta la maniobra. En todo momento con la máxima seguridad y ejecutando maniobras suaves, pero firmes.
Tienes la sensación de que quien conduce es un buen conductor humano
En la inmensa mayoría de los coches eléctricos que se venden a día de hoy, cuando activas los sistemas de conducción semi autónoma, ADAS, sistemas de asistencia a la conducción, o como quieras llamarlo, tienes sensaciones muy mecánicas. El guiado de la dirección suele ser muy robótico, brusco, errático. Es bastante normal que el coche te dé ciertos bandazos, haga microcorrecciones bruscas, pegue algún frenazo o acelere con ímpetu. Esto es muy, muy normal, incluso en coches eléctricos con tecnologías bastante avanzadas.
Y con este FSD Supervised de Tesla pude comprobar que las sensaciones son las mismas que con un muy buen conductor humano. Es realmente sorprendente, y es difícil comprenderlo si no te has montado en el coche y no has vivido la experiencia en primera persona. También me resulta difícil explicar ese equilibrio entre suavidad y determinación en la ejecución de cada maniobra. Lo que sí te puedo garantizar es que siempre prioriza la seguridad y actúa de forma prudente, lo que permite que en el asiento del copiloto te olvides de que «conduce una máquina», y te sientas incluso más tranquilo que conduciendo un humano.
No encuentras un patrón, no es previsible
En las tecnologías que usamos a día de hoy, como te contaba antes, también sueles encontrar patrones. Sabes perfectamente cómo actúa el coche en determinadas circunstancias si se cumplen unas condiciones concretas y, en definitiva, sabes qué escenarios le hacen fallar o ser brusco. Y aquí no, en FSD Supervised, de Tesla, sorprende por el hecho de que no sigue patrones definidos, sino que se adapta en todas las ocasiones y no actúa de una forma previsible.
¿Por qué? Porque recibe input de todas las cámaras de la carrocería, mapea el entorno y procesa de forma local con todo el conocimiento previo, y en base a lo establecido en su software. Y todo esto en milisegundos, con una capacidad de respuesta mucho más rápida que la de un conductor humano. Me cuesta mucho explicar lo sorprendente que resulta su capacidad para adaptarse a cada situación que pueda surgir durante la conducción.
Un gran avance en software
Tesla centra el input en cámaras convencionales. No en radares, LiDAR y tecnologías más allá de las cámaras que sirven para el aparcamiento o la vigilancia con Centinela. Esa es parte de su magia, sin duda. Pero es que además esto hace que sea una tecnología muchísimo más barata en términos de hardware. Ahora bien, han depurado el software hasta un punto al que nadie, en nuestro territorio, ha demostrado todavía haber sido capaz de llegar.
Como te decía antes, estas unidades usan un software más avanzado, una actualización más reciente. Y un detalle que me sorprendió es que el coche procesa información a mucha más distancia. Es decir, te muestrea en tiempo real coches que están mucho más lejos. En un Tesla Model 3 actual, en circulación, hace un muestreo a distancia más corta, de modo que la capacidad para anticiparse sería también técnicamente menor.
Y luego hay otro detalle clave. Si miras en la pantalla, donde el coche te enseña qué está viendo y procesando, puedes ver fácilmente que procesa el entorno con una precisión mucho mayor. Ves un movimiento fino y preciso de todos los vehículos del entorno y los elementos de la carretera, en general, se ven de una forma mucho más detallada. También es verdad que a nivel puramente estético tiene diferencias de gráficos. Es visualmente más bonito, pero eso es un detalle menor.
Yo tampoco creía (del todo) en la conducción autónoma
Para una generación que hemos crecido viendo a Marty Mcfly volando en coche, y en skate, y hemos leído todo tipo de literatura en la que se anticipaba un futuro con ciudades con coches voladores, hay cuentos que ya no nos terminan de resultar muy creíbles. Sí, soy un grandísimo amante de la tecnología, antes incluso que del motor, pero también sé bien cómo funcionan los departamentos de marketing. Y más, el control de la comunicación, el «show» y la «performance» que tienen los americanos.
Así que sí, creía en la conducción autónoma, pero como algo para dentro de muchos más años. Y desde luego, en ningún momento había confiado en que Europa abriera la posibilidad de hacer que esto se instale en nuestro territorio. En última instancia, menos todavía de la DGT. De la DGT no esperaba absolutamente nada. Aunque, a fin de cuentas, iban a entrar por donde indicase «papá Europa».
Bueno, el caso es que dudaba en cierto modo y lo ignoraba en otro. No había terminado de despertar el interés necesario en mí, por unos y otros motivos. Y fue llegar allí, montarme en el Tesla Model 3 de pruebas, ver cómo en el aparcamiento activó FSD Supervised indicándole al coche el destino final, y aluciné. Fue, un poco, como esas iluminaciones de fe de las que hablan algunos. Y sí, ya sé que esto da para cachondeo, pero me da exactamente igual.
La realidad, y lo he podido comprobar, es que Tesla tiene una tecnología de conducción autónoma muy, muy avanzada. Tanto que va por delante de la legislación en Europa, pero además por muchos años. Una tecnología que resuelve de maravilla en España y que abriría nuevas opciones de movilidad, nuevas opciones de negocio, y también aumentaría la seguridad en nuestras carreteras. Es algo increíble, pero es una realidad que yo he podido experimentar.