BMS son las siglas de Battery Management System, que se traduce al castellano como sistema de gestión de la batería. Es un componente que está instalado tanto en los coches eléctricos como en los electrificados; es decir, también en los híbridos y en los híbridos enchufables.
Tal y como indica su nombre, es el sistema encargado de controlar la batería y garantizar su correcto funcionamiento, especialmente en lo relativo al voltaje, la temperatura y la seguridad. Está conectado directamente a la centralita del vehículo eléctrico y trabaja de forma constante mientras el coche está en uso o cargando.

El BMS de un coche eléctrico está enfocado, sobre todo, a la seguridad, y no es un detalle menor. En un coche eléctrico hay centenares —e incluso miles— de celdas de batería agrupadas en módulos, y estos módulos están conectados entre sí conformando el paquete de batería. Todas esas celdas deben trabajar dentro de unos márgenes muy concretos para que el sistema sea seguro y duradero.
Sin un BMS, una batería de coche eléctrico sería inviable desde el punto de vista de la seguridad. Bastaría con que una sola celda se sobrecargase, se descargase en exceso o alcanzase una temperatura fuera de rango para provocar una degradación acelerada o, en el peor de los casos, un fallo grave del sistema. El BMS es, en la práctica, el “guardián” de la batería.
La batería está conectada a la centralita del vehículo eléctrico, que recibe información en tiempo real sobre multitud de parámetros. El BMS es el encargado de interpretar esos datos y de controlar el funcionamiento de la batería, asegurándose de que la tensión se mantenga siempre entre los valores máximos y mínimos establecidos por el fabricante.
Así funciona el BMS de un coche eléctrico y estas son sus funciones principales
La función principal del BMS es controlar y gestionar la carga y descarga de energía de la batería. Durante la carga en corriente continua, especialmente cuando se utilizan potencias elevadas, el BMS regula la potencia para que la tensión no supere los límites seguros y, de este modo, evita daños en las celdas.
Al mismo tiempo, también se encarga de que la potencia de carga sea la máxima posible dentro de esos márgenes, con el objetivo de reducir el tiempo de carga siempre que las condiciones lo permitan.
Muchas de las situaciones que experimenta el conductor en el día a día están directamente controladas por el BMS, aunque no siempre sea consciente de ello. Por ejemplo:
-
cuando la potencia de carga se reduce automáticamente al acercarse al 80%,
-
cuando el coche limita la potencia al acelerar con la batería muy fría o muy caliente,
-
o cuando la autonomía estimada varía tras una actualización de software.
Todas estas decisiones responden a estrategias del BMS para proteger la batería y alargar su vida útil.
Otra de las funciones clave del BMS es monitorizar de forma constante y en tiempo real no solo la carga y descarga, sino también el estado individual de todas y cada una de las celdas de la batería. Esta supervisión no sirve únicamente para controlar la carga, sino también para gestionar la entrega de energía al motor eléctrico y a todos los sistemas electrónicos del coche.

La demanda de potencia que el conductor solicita al pisar el acelerador está filtrada y controlada por el BMS, que decide cuánta energía puede entregarse en cada momento sin comprometer la seguridad ni la durabilidad del conjunto.
El balanceo de celdas: clave para evitar la degradación prematura
El BMS también se encarga del balanceo de las celdas, una función tan importante como compleja. Aunque todas las celdas de una batería sean iguales, con el uso no se degradan exactamente al mismo ritmo.
El BMS equilibra su nivel de carga para evitar que una celda concreta se convierta en el punto débil del paquete de batería. Si una sola celda se descompensa, puede limitar la capacidad útil de toda la batería. Gracias al balanceo, el sistema consigue que el paquete funcione de forma homogénea durante muchos más años.
La temperatura: uno de los parámetros más críticos
Entre los muchos parámetros con los que trabaja el BMS, la temperatura es uno de los más críticos. En un paquete de batería hay numerosos sensores térmicos que envían información en tiempo real a la centralita.
Una temperatura excesiva supone un riesgo importante para la batería y acelera la degradación química de las celdas. Por ello, el BMS actúa en coordinación con los sistemas de refrigeración o calefacción para mantener la batería dentro de su rango óptimo de funcionamiento.

El papel del BMS en la degradación de la batería
Además de todo lo anterior, el BMS juega un papel clave en la degradación de la batería. Al limitar tensiones extremas, evitar sobrecargas y descargas profundas, controlar la temperatura y equilibrar las celdas, reduce el estrés químico que acelera el envejecimiento de la batería.
Este es uno de los motivos por los que los coches eléctricos modernos degradan mucho menos que los primeros modelos, incluso con un uso intensivo.
En ocasiones, el BMS puede imponer limitaciones deliberadas que el conductor puede interpretar como una pérdida de rendimiento. Por ejemplo, reducir la potencia disponible o ralentizar la carga en determinadas circunstancias. Estas limitaciones no indican un fallo, sino una estrategia de protección: el sistema prioriza siempre la seguridad y la durabilidad de la batería frente al rendimiento inmediato.
¿Puede fallar el BMS de un coche eléctrico?
Aunque se trata de un sistema muy robusto, el BMS también puede fallar. En la mayoría de los casos, los problemas no están relacionados con las celdas en sí, sino con sensores, comunicaciones o software.
Por este motivo, muchos fabricantes han mejorado notablemente el comportamiento de sus baterías mediante actualizaciones de software, ajustando la gestión del BMS sin necesidad de modificar físicamente el paquete de batería.
En definitiva: el BMS es el cerebro de la batería
En definitiva, el BMS es el auténtico cerebro de la batería de un coche eléctrico. No solo garantiza su seguridad, sino que determina cómo se carga, cómo entrega potencia y cómo envejece con el paso del tiempo.
Gracias a la evolución de estos sistemas, las baterías actuales son más duraderas, más seguras y mucho más predecibles que hace solo unos años.