Los neumáticos son, en muchas ocasiones, los grandes olvidados en el mantenimiento del vehículo. Y no solo el estado general del neumático es importante (que lo es) si no las presiones de estos que hacen que las cualidades de adherencia y en materia de seguridad sean las ofrecidas por el fabricante. En la última campaña de revisión de neumáticos de Michelin se detectó que un 10% de los vehículos analizados circulaba con una presión de inflado de 0,5 bar inferior a la recomendada.

Y esto ¿en que se traduce?

Quizá no somos conscientes de cómo influye esto pero, cuando circulamos con una presión inferior a la recomendada en nuestros neumáticos las reacciones de nuestro coche cambian radicalmente. En esta circunstancia el vehículo pierde adherencia y estabilidad, y si el terreno esta mojado la perdida de cualidades se multiplica. En curva perderemos mucha precisión de trazada, incluso se puede llegar a notar movimientos extraños en nuestro coche. Necesitaremos más espacio para frenar al tener mayor distancia para parar el coche, además de la falta de estabilidad en una situación extrema que puede llevarnos incluso a desllantar, es decir, separarse el neumático de la llanta ocasionando un reventón y pérdida total del control del vehículo.

Además de todos estos inconvenientes que notaremos en marcha, cuando tenemos la presión de nuestros neumáticos baja y circulamos así  durante muchos kilómetros, el neumático se calentará en exceso provocando deformaciones y desgaste muy superior, sobre todo por los bordes. Por otra parte, al tener mayor superficie de fricción con el suelo, tendremos un mayor gasto de combustible en nuestro coche.

Por el contrario, si rodamos con una presión superior a la recomendada, reduciremos la superficie de contacto con el suelo perdiendo adherencia. Además sufriremos mayor desgaste, sobre todo por la zona central de la banda de rodadura. Incluso, al no absober las irregularidades del terreno por la sobre carga de presión, hará trabajar más a la suspensión.

Todos estos problemas los podemos evitar prestándole un poco de atención a la presión de nuestros neumáticos. Lo ideal es comprobar en frió la presión de cada uno de ellos una vez al mes y siempre antes de un viaje largo. Con esto evitaremos desgaste innecesario y alargaremos la vida y salud de nuestros neumáticos.