La adopción de eléctricos avanza de forma desigual en Europa, España va rezagada

La desigualdad entre países marca la adopción de coches eléctricos en Europa. Países nórdicos siguen liderando. Los países del sur aumentan su ritmo desde cotas muy bajas: Italia, Portugal y España entre otros. Se complica cumplir los objetivos previstos.

La adopción de vehículos eléctricos en Europa está evolucionando de forma desigual entre los diferentes países. Los datos de ACEA y EAFO revelan que en Europa, hasta noviembre de 2025 –los datos más recientes- las matriculaciones de coches eléctricos puros (BEV) representan un 16,9% de turismos nuevos. Una subida significativa desde el 13,4% registrado en el año 2024.

Además de esto, se produjo un fuerte crecimiento a final de año, un 44% en noviembre de 2025 con respecto a noviembre de 2024. Los híbridos enchufables suman un 9,5% adicional alcanzando hasta el 27% los meses más fuertes del año. Y el gran motor de crecimiento en Europa, durante el año 2025, han sido Alemania con un crecimiento del 41%, Béglica, Países Bajos y Francia, que concentran alrededor del 62% de todas las ventas de eléctricos puros.

La adopción de coches eléctricos en Europa en 2025, por países

Se mantiene el liderazgo de países nórdicos y el protagonismo de los países del norte y el oeste. Tanto en el sur como en el este la adopción de coches eléctricos continúa avanzando a un ritmo más lento en Europa.

  • Noruega (no UE pero referencia absoluta): ~94–98% de matriculaciones nuevas son BEV, prácticamente el mercado ya es eléctrico.
  • Países Bajos: ~35–45% enchufables, líder histórico en Europa continental.
  • Suecia, Dinamarca, Finlandia: 30–50% dependiendo del mes.
  • Alemania: ~20–25% enchufables, muy fuerte recuperación en 2025 tras el bache del año 2024.
  • Francia: ~20–25%.
  • Reino Unido (no UE): ~25–30%.
  • Bélgica: crecimiento muy fuerte, ~25–35%.
  • Austria, Suiza: ~20–30%.
  • España: fuerte crecimiento relativo (+80–110% en algunos meses), pero cuota absoluta todavía ~12–18%
  • Italia: también subiendo rápido, ~10–18%.
  • Portugal: muy buen comportamiento relativo, ~20–25% en algunos periodos.
  • Europa del Este (Polonia, Hungría, Chequia, etc.): generalmente <10%, aunque algunos meses puntuales con crecimientos muy altos.

Además de ACEA y EAFO, también el ICCT European Market Monitor provee de datos relevantes sobre la evolución del mercado de coches eléctricos –y de híbridos enchufables- en Europa. El año 2025 ha mostrado una fuerte recuperación tras el bache que se experimentó en el año 2024, de forma más o menos generalizada. Sobre todo, durante la segunda mitad del año. Pero incluso con esto, seguimos lejos del ritmo que se necesita para cumplir los objetivos establecidos para el período entre 2030 a 2035.

Portugal, Italia y España están empezando a mostrar una fuerte aceleración desde niveles de adopción muy bajos en comparación con los países nórdicos y del Benelux, que llevan una destacable ventaja.

Factores que explican la adopción desigual

Esta disparidad en la adopción de vehículos eléctricos se debe a una combinación de factores económicos, infraestructurales y políticos. En los países líderes, como Noruega, Países Bajos o Suecia, los gobiernos han implementado incentivos fiscales agresivos, exenciones de impuestos (IVA, peajes), subsidios directos a la compra y una red de carga extensa y accesible.

Noruega, por ejemplo, lleva décadas invirtiendo en infraestructuras, lo que ha permitido que los vehículos eléctricos representen casi la totalidad del mercado nuevo, con beneficios adicionales como aparcamiento gratuito y uso de carriles bus.

En contraste, en el sur y este de Europa, incluyendo España, los obstáculos son más pronunciados. El elevado precio de los vehículos eléctricos sigue siendo una barrera principal: un coche eléctrico medio cuesta entre 35.000 y 40.000 euros, por encima de la media de los vehículos de combustión. En países con menor renta per cápita, esto limita claramente el acceso.

Aunque planes como el Moves III han ofrecido ayudas de hasta 7.000 euros, estas se han agotado con rapidez y no han sido suficientes para impulsar un cambio masivo.

Otro factor clave es la infraestructura de recarga. España contaba con 53.072 puntos de recarga públicos operativos a finales de 2025, pero de los cuales había 16.340 puntos instalados pero aún no operativos. Esto supone un avance significativo, pero todavía insuficiente para cumplir las metas marcadas en el PNIEC para la transición energética.

Esta situación genera ansiedad por la autonomía, especialmente en zonas rurales o en viajes largos, donde la red resulta claramente insuficiente si se compara con Alemania, que ronda los 180.000 puntos de recarga, o con Países Bajos, que se acerca a los 200.000 puntos y lidera Europa en densidad por habitante.

En Europa del Este, países como Polonia o Hungría muestran una adopción aún más lenta debido a economías emergentes, dependencia de combustibles fósiles baratos y menor prioridad política. No obstante, crecimientos puntuales —como el +124 % en Polonia en 2025— indican que la llegada de modelos chinos más asequibles (BYD, MG) podría acelerar el proceso.

Comparativa de adopción e infraestructura de recarga en Europa (2025)

País Cuota EV mercado nuevo Puntos de recarga públicos Incentivos destacados
Noruega ~90 % >30.000 Exención IVA, peajes, parking gratis
Países Bajos ~35 % >120.000 Alta densidad de carga, beneficios fiscales
Alemania ~25 % >100.000 Subvenciones y red en expansión
España ~12 % ~50.000 Plan Moves III, ayudas irregulares
Polonia <5 % ~6.000 Crecimiento impulsado por modelos chinos

Perspectivas para 2026 y recomendaciones

De cara a 2026, se espera que la adopción continúe creciendo, impulsada por normativas más estrictas de la UE, como la reducción del 15 % en emisiones de CO₂ respecto a 2021.

España cerró 2025 con unas 225.000 matriculaciones de vehículos electrificados (BEV + PHEV), duplicando las cifras de 2024 según ANFAC, pero el reto será alcanzar una cuota del 20–25 %.

A nivel europeo, se recomienda una mayor armonización: uso de fondos UE para regiones rezagadas, campañas de educación pública y colaboración con fabricantes para reducir precios mediante economías de escala.

Si no se actúa, la transición hacia 2035 (fin de ventas de combustión) podría ser profundamente desigual, afectando a la competitividad industrial y al impacto ambiental del continente.