Normalmente estamos acostumbrados a escuchar que el futuro de los vehículos pasa por dos posibles vertientes: por un lado, los vehículos eléctricos y por otro aquellos que incorporan una pila de hidrógeno o similar. Los primeros, en mayor o menor medida son una realidad mientras que los segundos están todavía en las primeras fases de desarrollo. Pero, ¿que hay de una celda de combustible que pueda funcionar con los productos que ya tenemos en las gasolineras? Esa es la propuesta de Ceres Power para su SteelCell.

SteelCell: electricidad a partir de gasolina, diésel, GNC, bioetanol, etc

Steel Cell ha sido desarrollada por la empresa británica Ceres Power y, tras las primeras investigaciones, ahora arrancan los pasos necesarios para hacer que esta tecnología sea económica, escalable y utilizable de forma sencilla. De hecho, grandes marcas de la industria automotriz como Honda o Nissan ya han firmado acuerdos con ellos para ayudar en el desarrollo de estos sistemas y poder implementarlos a sus vehículos en los próximos años.

La nueva tecnología de Steel Cell funciona como una pila de combustible tradicional pero, en este caso, en vez de usar hidrógeno como fuente de energía, puede usar cualquier tipo de combustible con base de hidrocarburos (es decir, derivado del petróleo), tales como gasolina, diésel, GNC, GLP o incluso bioetanol. A partir de ellos, la célula de combustible transforma el combustible en electricidad con la ventaja de que las emisiones son extremadamente reducidas respecto a un motor tradicional de combustión.

Para ello se utiliza una lámina de acero perforada con una capa especial de cerámica. En el lado del ánodo de la celda se encuentra el combustible mientras que el aire pasa sobre el cátodo. Entre ambas se intercala una capa de electrolito muy delgada produciéndose una reacción química de la que se desprende electricidad, que es recogida para alimentar los sistemas eléctricos del vehículo ya sea como apoyo al motor principal o para alimentar un coche cien por cien eléctrico.

Se calcula que, aproximadamente, con una sola carga de combustible sería capaz de generarse suficiente energía para una autonomía de casi 600 km, con unas prestaciones similares a las de los vehículos eléctricos en cuanto a aceleración y par motor.

Además otra de las ventajas reside en su adaptabilidad. En un primer momento, la Steel Cell se podría usar con gasolina/diésel a medida que las infraestructuras se fuesen adaptando al GNC o el bioetanol, mucho más ecológicos. La adaptación sería sencilla pues requiere de casi los mismos dispositivos que los combustibles tradicionales y los repostajes son similares. Posteriormente los vehículos, una vez satisfecho la demanda de puntos de abastecimiento, pasarían a funcionar con los nuevos combustibles. Al contrario que las pilas de hidrógeno, que necesitan una infraestructura propia y costosa, este sólo requeriría pequeñas adaptaciones.

En un año aproximadamente ya se conocerán los primeros adelantos. Se calcula que el coste de la implementación de esta tecnología será similar al de los vehículos eléctricos.