Ecclestone no entiende cómo puede haber alguien que se ofenda por las ‘grid girls’ de la Fórmula 1. Tranquilo, yo se lo explico.

Al magnate de la Fórmula 1 no le ha gustado nada la decisión de Liberty Media por la que, a partir de esta misma temporada, se prescindirá de las famosas azafatas o ‘grid girls’ a pie de pista. “Estas chicas eran parte del espectáculo” argumentó en declaraciones a The Sun, y lo cierto es que razón no le falta.

Durante décadas, las azafatas han sido el reclamo para atraer más público a la Fórmula 1, un público masculino, claro. Escotes de vértigo, piernas interminables, curvas de infarto y prendas, en ocasiones minúsculas, llenas de logotipos de las marcas de turno… Así es como se vende un deporte de hombres, para hombres. No se puede negar que la estrategia es buena.

Pero la de Ecclestone no ha sido la única voz que se ha alzado en contra de esta decisión. Investigando para escribir este texto me he encontrado artículos, comentarios y muchos tweets mostrando su total desacuerdo con la desaparición del rol de las azafatas. Uno de los argumentos más recurrentes a la hora de criticar esta nueva medida es precisamente reivindicar la libertad de la mujer a trabajar en lo que quiera. Yo estoy 100% de acuerdo, y espero que lo estemos todos. Eso sí, también espero que pongamos el grito en el cielo ante el hecho de que exista brecha salarial en pleno 2018. Y que nos indignemos muy fuerte cuando nuestro presidente le quite importancia con un ‘no nos metamos en esos temas’.

“Nadie las obliga”, otro argumento estrella. Pues claro que no, faltaría más. Quien asume que una mujer no puede decidir por sí misma por el hecho de serlo es un machista, punto. Como también lo es el hecho de objetificar a mujeres para convertirlas en un simple reclamo. Nosotras no pilotamos, no hablamos, sólo sonreímos. Somos el accesorio del hombre.

¿Y si también hubiera hombres? Podría ser una solución, no sé si la mejor, pero como mínimo más igualitaria. Lo ideal, claro, sería que fuera en ambas direcciones y, al mismo tiempo que se contratan azafatos, se promoviera el papel activo de la mujer en el automovilismo, no como objeto o simple espectadora, sino como participante. Es lo que reivindica la ex-piloto de pruebas Susie Woff en Car and Driver: “Hagamos que las mujeres de éxito en el deporte se conviertan en modelos de conducta para inspirar a otras. Llevemos a las niñas a ver un coche de Fórmula 1 y permitámoslas soñar. Ampliemos la fuente de talento de las chicas y mujeres que entran en el deporte”. [Dato: en toda la historia de este deporte, sólo ha habido cinco mujeres piloto. El número de hombres supera los 800.]

Hablando de azafatos, hay quien ha aprovechado para rescatar la foto de los ‘grid boys’ de Mónaco en 2015 como prueba irrefutable de la igualdad que reina este mundillo. Sólo se les ha olvidado una cosa: las excepciones no anulan reglas, las confirman. Que por cierto, aquello no gustó demasiado a Vettel, que al acabar la rueda de prensa se quejó de tener que aparcar detrás de “George y Dave”.

A Ecclestone no le parece bien que no vaya a haber más grid girls. Ni tampoco que haya mujeres conductoras.

Navegando por interminables hilos de comentarios, ha habido otro detalle que me ha llamado la atención y es la necesidad de destacar la validez de estas mujeres. “Muchas tienen carrera… A lo mejor son más inteligentes que tú”. ¿Es eso raro? Para algunos parece que sí. Es el viejo cliché machista que no contempla que una mujer pueda ser guapa e inteligente al mismo tiempo. O el mismo que asume que el hecho de que no haya conductoras de Fórmula 1 no tiene nada que ver con los roles de género que nos inculcan desde la cuna. O con que el propio Ecclestone dijera que las mujeres piloto “No deben ser tomadas en serio”. Si sólo ha habido cinco mujeres piloto es porque simplemente no nos gusta. ¿O era porque no se nos da bien?

No se está cuestionando la validez ni la libertad de las mujeres. Tampoco es un ataque a su derecho a trabajar. Es un ataque al sexismo.

En un sector mayoritariamente masculino como la Fórmula 1, el papel visible de la mujer se reduce al adorno, un elemento decorativo que sirve como mero reclamo para la clientela, sujeta un paraguas, una pancarta o se encoge mientras la rocían con champán.

Al final Ecclestone no iba mal encaminado: las azafatas eran parte del espectáculo. Del espectáculo machista.

Vamos mejorando.

Artículo de opinión de @aBabiloni